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"Francisco temía que la pequeña grey que le seguía perdiera el cielo después de haber de haber renunciado a la tierra”. 2Celano 174.

Fray Francisco teme,
teme fray Francisco,
no dar suficiente acogida,
no tener suficiente cobijo
al agua que alumbran sus manos
en las llagas dolientes de Cristo.

Fray Francisco observa
cuán grande es su aprisco;
olivares y esteras delatan
cómo es que han crecido
hermanos colmando confines
riberas, caminos,
a imagen de aquellos senderos
que anduvo también Jesucristo.

Fray Francisco implora
de Dios un prodigio:
que todos sus frailes le quepan
humildes, pequeños, sumisos,
en la misma espiga ,
bien prietos los granos de trigo.

Todos uno solo,
todos ajustados, todos bien medidos
por la misma vara
con que mide el amor Jesucristo.

Fray Francisco teme,
teme fray Francisco,
y es que anoche, en sueños,
asustado ha visto
cómo afluyen tórtolas,
cómo vuelan mirlos,
cómo acuden ciervos,
cómo rompe un río
sus riberas e inundan sus aguas
los campos vecinos.

Quiera Dios que nunca
rebase la orilla ni yerre el destino
el agua en crecida que encauzan
las manos llagadas de Cristo.

San Francisco de Asís en el Capítulo de las esteras

San Francisco predica a sus hermanos en el Capítulo de las Esteras.
"Los santos hicieron las obras, y nosotros refiriéndolas y predicándolas, queremos recibir, sólo por esto, gloria y honor".
(San Francisco, 6 Admonición). Cuadro de J. Benlliure