Fray Francisco teme
no llevar consigo
todo el agua que afluye hacia el cauce
que cavan sus manos
en el pecho llagado de Cristo.
Fray Francisco aprende
cuán grande es su aprisco;
olivares y esteras contaron
cómo iban sus frailes colmando
confines, caminos,
reflejo de aquellos que un día
anduvo también Jesucristo.
Fray Francisco implora
de Dios un prodigio:
que todos sus frailes le quepan
humildes, pequeños, sumisos,
en la misma espiga
bien prieta y espesa de Cristo.
Todos uno solo,
todos uno mismo
en la misma mano
llagada de Cristo.
Fray Francisco canta.
Y es que Dios le ha dicho
y en sueños anoche
ya ha visto,
cómo afluyen a miles palomas,
cómo acuden ciervos, cómo nace un río
a los mismos pies
donde ha muerto Cristo. |