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Fr. Hermann Schalück, Llenad la tierra con el evangelio de Cristo, p. 49

El hecho de mantenerse firmes en la fe a la Iglesia no privó a Francisco de la libertad para buscar y consolidar la forma de vida evangélica que “el Altísimo mismo le reveló que debía vivir” (Testamento, 14).

Se comprende su valentía en asumir una forma de vida tan pobre y humilde que llegó a provocar un cierto temor en las autoridades eclesiásticas, que intentaron persuadieron a recorrer “caminos más sencillos” y hasta le sugirieron que se pasara a la vida monástica o eremítica (1Cel 13a). Con humildad, pero con firmeza, Francisco rehusó tales consejos y solicitó a la Iglesia la aprobación de su forma de vida.

La Providencia viene en ayuda de los hermanos congregados en el Capítulo de las esteras.
"Por todo den gracias y tales quieran ser como Dios quiere que sean". (San Francisco en 2 Celano, 174)