11186

Fray Lázaro Iriarte, ofm. Vocación franciscana, Madrid 1971, p. 211

El decreto Perfectae caritatis del Vaticano II nos ha colocado en una perspectiva de la consagración en obediencia y de la función de la autoridad en la vida religiosa a la que nos tenía habituados la ascética tradicional. El misterio de la obediencia redentora de Cristo y la visión de la vida en obediencia como una maduración de la libertad de los hijos de Dios han venido a iluminar el valor de la “obediencia activa y responsable” y la función de servicio de quien manda. Un mismo impulso de caridad debe llevar a superior y súbdito a la búsqueda sincera de la voluntad salvífica de Dios[1]. Mandar y obedecer es servir a la comunidad de hermanos y hacerse disponibles para ser útil a todos los hombres.

Nota [1] Es lo que se viene llamando "obediencia responsable"

Francisco funda la Tercera Orden.
"No tengáis prisa ni os marchéis, hermanos, y yo dispondré lo que debéis hacer para la salvación de vuestras almas". (San Francisco en Florecillas, 15)