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Varios autores, Franciscanos por la justicia, la paz y la ecología, Oñati (Guipúzcoa 1999), p.338)

La visión franciscana de la vida se caracteriza por el reconocimiento de la importancia de la belleza y de la bondad de la creación, obra de un Dios de bondad que actúa por amor. Compartimos esta tierra, sus recursos, nuestra vida y nuestro trabajo con todas las criaturas de Dios, que son nuestros hermanos y hermanas. A diferencia de quienes se han esforzado por domesticar y dominar la naturaleza, los dos grandes santos de Asís quisieron vivir sin ser gravosos a nuestra hermana y madre tierra, procurando no ser un peso pata la tierra ni para aquellos a quienes ésta proporciona alimento y vestido.

Por su teología práctica y su espiritualidad, Francisco tuvo una visión en la que todas las personas tienen responsabilidades y derechos iguales delante de Dios. En el pensamiento de Juan Duns Escoto aparece con claridad la toma de conciencia franciscana del valor del individuo. Todo individuo -persona, planta, piedra o ameba- es precioso. No puede despreciarse por insignificante ninguna criatura, ninguna porción de la creación. Toda criatura debe alcanzar la plena medida de su propia individualidad, si se quiere que el amor de Dios encuentre su expresión perfecta en la creación.

Se postran a la vista de Roma. "A todos los hombres y mujeres del mundo, el hermano Francisco, su siervo, les saluda y desea la paz del cielo y la caridad en el Señor". (San Francisco, Carta a los fieles)