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Fray Giacomo Bini. La Orden, hoy, Roma 2000

“La regla suprema de la vida religiosa, su forma última consiste en seguir a Cristo según la enseñanza evangélica” Pablo VI, Evangelica testificatio 12)

En este camino en seguimiento de Cristo, los votos religiosos expresan, también hoy, nuestra entrega total a Dios y a los hermanos. Los votos religiosos, liberándonos de la idolatría del poder, del tener y del placer, potencian la naturaleza humana en su expresión positiva y abren a una relación-encuentro purificada de toda sombra de dominio y de explotación. Trazan un camino hacia el amor verdade5ro (castidad), una solidaridad real (pobreza) y una disponibilidad-responsabilidad sin reservas (obediencia); expresan y manifiestan la adhesión total a Dios y a nuestro proyecto evangélico de vida, unificando y simplificando nuestra existencia cotidiana.

Como siempre, a lo largo y a lo ancho de la historia y de las diversas culturas, los votos son signos de contradicción y de esperanza. En nuestro mundo, que asiste a un continuo despertar de fantásticos deseos nuevos y contradictorios- y se está convirtiendo en un supermercado al servicio de la satisfacción de dichos deseos, los votos, que exigen el compromiso de vivir fielmente la forma vitae, gozan de poca estima. Si no sabemos encarnarlos en las aspiraciones del hombre moderno a la libertad, la solidaridad y la felicidad verdadera, nunca serán aceptados.

A) El voto de obediencia

...”El súbdito no debe mirar en su prelado al hombre, sino a aquel por cuyo amor se ha sometido” (2Vida de Celano, 151b)[1]. Francisco considera la obediencia como una virtud referida directamente a Dios-Amor: Dios es su objeto y el amor a Dios su motivo.(...) La obediencia es “entrega incondicional a la Fraternidad, además de acogida total e inerme de los Hermanos; incluso frente a un bien espiritual “mejor está llamado cada uno a entregarse al superior en favor de la Fraternidad: “Esta es la obediencia caritativa, porque cumple con Dios y con el prójimo” (Adm 3,6). (...)[2]

¿Pero este modo de pensar tiene sentido para el hombre de hoy, sediento de independencia y deseoso de libertad? El sentido de la autoridad está en crisis; la autoridad no está “de moda”: ni en la familia, ni en la escuela, ni en la política, ni en la Orden...¿La única autoridad que, quizás, se reconoce es el poder económico. La obediencia está en crisis. Sin embargo, no hay ningún ser humano sin estructuras de dependencia; más aún, las formas de esclavitud son hoy en día tantas y tan constrictivas que no sabemos cómo librarnos de ellas. Tenemos un arduo y delicado trabajo de cumplir: la búsqueda nunca concluida de relaciones armónicas entre la persona y la comunidad. Francisco las buscó y las encontró.)...).

Y entonces, obedecer no significa renunciar a ser uno mismo, sino ponerse al servicio de una causa, como hizo Cristo. Reivindicar los derechos personales y privativos, una libertad “personal” usada con frecuencia en propio provecho y sin tener en cuenta la libertad de otro, se convierte de hecho en violencia e injusticia.(...)

La autoridad tiene encomendado un papel importante e indispensable en este proyecto de relación, que se debe repensar y reevangelizar, con miras a un servicio-don recibido de Dios, con miras a una misión claramente espiritual (CCGG 45-46)[3]

La autoridad que se deja guiar por el Espíritu, escuchando y colaborando con los otros, ...sabe generar confianza y sentido de pertenencia, requisitos indispensables para la innovación y la creatividad en la Fraternidad.[...].

B) “Sin nada propio”

El voto de pobreza nos libra de la avidez de acumular...Nos libera de cualquier forma de posesión, por lo que no absolutizamos la casa donde vivimos ni el trabajo que hacemos ni las compensaciones, materiales o psicológicas que “merecemos”.

El Señor no pide el desprendimiento de de algunas cosas, sino el desprendimiento de todo, para ser Él “el todo” del hombre”...

La libertad en la pobreza nos hace fácilmente hombres de comunión, de solidaridad, de coparticipación, y nos ayuda a ser creadores de relaciones nuevas, gozosas y profñeticas entre los hombres de nuestro tiempo.

C) Voto de castidad

También el voto de castidad puede encontrar su función profética en un mundo constantemente a la búsqueda del placer fácil y cambiante. Los puros de corazón, según Francisco, son aquellos que“nunca dejan de adorar y contemplar al Señor Dios vivo y verdadero con corazón y ánimo limpio (Adm 16,2). Narrando la conversión de Francisco, la Leyenda de los tres compañeros dice: “Y desde aquel momento dejó de adorarse a sí mismo” (TC 8) [4]

Nuestra castidad es la purificación progresiva de un amor narcisista y adolescente, para emprender y progresar en un camino de relaciones maduras, gratuitas puras, libres de todo interés egocéntrico. Dominar la sexualidad significa aprender a ser dueño de las propias relaciones. El centro de todo, una vez más, es el descubrimiento de un amor en el que uno se “deleita”. Y al que uno entrega la propia vida. (...).


Notas

[1] Tomás de Celano es el primer biógrafo de san Francisco, a cuyo fin, dispuso de los datos testimoniales que le suministraban los mismos discípulos y compañeros del santo Fundador. Escribió dos biografías, que se suelen citar abreviadamente por 1C y 2C.

[2] Las Admoniciones es una de las obritas donde san Francisco expone más hondamente su ideario de seguimiento de Cristo.

[3] Las Constituciones Generales son el conjunto de normas que actualizan la forma de vida de los hermanos, expresa sumariamente en la Regla.

[4] La Leyenda de los tres compañeros es un florilegio biográfico del santo de Asís, en la que su autor, tal vez fray Ángel, conocedor de san Francisco, completa la primera vida de Celano, con datos de notable interés que éste desconocía.

La mesa del Señor.
"Hermano: no somos dignos de tan gran tesoro". (San Francisco en Florecillas, 12)