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Fernando Uribe, ofm.
Por los caminos de Francisco de Asís,
Oñate (Guipúzcoa) 1990, p. 77
Los datos que hoy poseemos sobre los orígenes de la capilla de la Porciúncula tienen un cierto carácter legendario y constituyen lo que podríamos denominar “la prehistoria” de la Porciúncula. Según la leyenda, a mediados del siglo IV llegaron a Italia cuatro peregrinos procedentes de Jerusalén con una reliquia de la tumba de la Virgen. Deseosos de llevar una vida eremítica, se dirigieron a la llanura de la Umbría por recomendación del papa Liberio (352), en donde edificaron una pequeña capilla dedicada a santa María de Josafat. Agrega la leyenda que a comienzos del siglo VI el mismo san Benito vino a fundar un monasterio en este lugar. En el año 1054 ya se encuentra un documento que habla del lugar donde se halla la capilla, pero es necesario esperar hasta la mitad del siglo XII para encontrar el primer documento que se refiera a la capilla como tal. Se trata de una bula del papa Eugenio III (1145-1153), en donde aparece la capilla enumerada entre las posesiones del monasterio de san Benito del monte Subasio. En el mismo sentido fue mencionado en otras bulas de los papas Alejandro III (1159-1181), Gregorio VIII (1187) e Inocencio IV (13 de marzo de 1244). El examen que se ha hecho de la estructura arquitectónica de la iglesia y del material empleado para su construcción, permite deducir que ésta no pudo haber sido hecha antes del siglo X. Junto a ella exitió una pequeña edificación, conventual cuyo origen también se desconoce y cuya destinación fue probablemente la de albergar a algún monje er4emita o custodio de la iglesia. No se sabe cuándo fueron abandonadas las dos edificaciones. Lo cierto es que a comienzos del siglo XIII ambas estaban semiderruidas. Cuando las primitivas fuentes franciscanas se refieren a la capilla, precisan que habían sido “construidas antiguamente”(antiquitus constructa). Los documentos la identifican como “santa María de la Porciúncula” por sus exiguas dimensiones (“porcioncita”) y al lugar circundante lo llaman el “cerretto della Porziuncola” para referirse al bosque que estaba cerca de ella. Hacia el año 1210 Francisco obtiene oficialmente de Teobaldo, abad benedictino del monte Subasio, el permiso para ocupar indefinidamente la Porciúncula. Alrededor del año 1220 la Comuna de Asís construyó la primera habitación sólida para los hermanos detrás de la capilla; sus cimientos fueron descubiertos recientemente. Después de la muerte de Francisco y con el correr del tiempo, se añadieron varias construcciones alrededor de la iglesia, entre las cuales hoy quedan todavía trazos de un coro para la oración de los hermanos, adosado al ábside, y una capilla a la derecha. Se afirma que hubo otras capillas, incluyendo una sobre el techo, comunicada por un agujero todavía visible; pero, si creemos que Tiberio de Asís pintó fielmente lo que existía en el año1518 (ver capilla de las rosas), sobre la Porciúncula sólo había un segundo techo para protegerla. [...]. En la primera mitad del siglo XV fue ampliado el convento lo mismo que otros oratorios alrededor del núcleo inicial. Sólo a mediados del siglo XVI se emprenden las obras de gran envergadura que hoy observamos.
Visión del carro de fuego
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