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El Convento de San Francisco en la guerra de la Independencia

El año 1814, rendidas las armas francesas en Mequinenza, Lérida, Monzón y el castillo de Jaca, se celebra con la mayor solemnidad posible la victoria sobre el invasor con un Te Deum, en la catedral. Las fuerzas enemigas habían abandonado Teruel el año 1813.

Se vuelven a celebrar actos conmemorativos de aquella gesta, el aniversario del Dos de Mayo, con la celebración de un funeral, en la catedral, al que asisten el jefe político de Aragón, D. Salvador Campillo, el Ayuntamiento, el Capítulo... El señor obispo giraba visita pastoral por la diócesis, lo que le impidió asistir.

Con fecha de 14 de marzo de 1814, el señor obispo Álvarez de Parma anuncia mediante una circular el regreso a España del rey D. Fernando VII, en compañía de su hermano el infante D. Carlos y el día 5 de abril el ayuntamiento comunica al Cabildo que el rey tiene determinado pasar por Teruel, procedente de Cataluña, camino de Valencia, el día 13, hacia el mediodía.

Se prevé recibirlo en la Puerta del Salvador, con asistencia del señor obispo, el Cabildo, clero, y que las varas del palio las llevarán personas del Ayuntamiento, por más que el infante D. Carlos abrevia el protocolo y ordena que se reciba al rey en la puerta del palacio episcopal, en el que desea hospedarse. La población con sus autoridades salen a reciboir al monarca en el Puente del Cubo, el día 13 de abril. Al día siguiente proseguiría el viaje hacia la capital del Turia.

De nuevo, el día 8 de marzo, se celebra la liberación de la ciudad con el canto del Te Deum en la catedral, mientras todas las iglesias voltean sus campanas.

Los conventos empiezan a ser recuperados por sus religiosos. Las tropas francesas los habían exclaustrado para convertirlos en acuartelamientos, almacenes, caballerizas y otras provisiones no menos indignas, incluidas las naves de las iglesias, al tiempo que destruyeron obras de arte, saquearon bibliotecas y otros haberes. La obra de restauración, empobrecidas las respectivas comunidades, tuvo que resultar lenta y onerosa.

El día 20 de mayo, el obispo traslada una real orden que mandaba devolver a los religiosos objetos y bienes de su pertenencia. La Iglesia de la Merced es la primera que abre sus `puertas al culto y  seguidamente lo hace la de San Francisco, cuyos religiosos venían ejerciendo su ministerio por diversas parroquias, al menos un religioso, fray Severino Piqueras, ejercía como penitenciario en la catedral, vicario luego en su convento.

El convento habría formalizado su vida ordinaria entre los días 26 de abril de 1815 y el día 17 de mayo, como consta en sendas cartas del guardián y del Provincial, fray Manuel Montero.

Con anterioridad, los religiosos, en previsión de posibles profanaciones, al abandonar el convento por la presión de la tropa francesa, depositaron en la catedral las reliquias de los Santos Mártires, Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, y para no interrumpir el culto que se les venía tributando, se les traslada a la Iglesia de San Pedro, donde permanecen por espacio de cinco años, hasta que el día 27 de agosto de 1815, se restituyen al convento en multitudinaria procesión que congrega a “todas las corporaciones y el pueblo entero”. El día 7 de julio de 1815 consta que los religiosos de la ciudad tenían ya abiertas todas sus casas.

Es notable el hecho singular de las religiosas clarisas, que no abandonaron nuca su convento a lo largo de toda la invasión francesa. 

(Cfr. La Iglesia de Teruel en la Guerra de la Independencia, César Tomás Laguía, Teruel)