RELIGIOSOS FRANCISCANOS DE LA FAMILIA REAL ARAGONESA

18762

Los reyes aragoneses dieron siempre claras muestras de predilección por la fidelidad con que la Orden Franciscana vivía y enseñaba a vivir el evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, desde la austeridad, su proximidad al pueblo  y el sentido de servicio a los demás, en todos los confines de la Corona. Se explica que no sólo aplaudieran y favorecieran la obra evangélica de los seguidores de Francisco de Asís y el asentamiento de conventos y eremitorios en tierras aragonesas, sino que fueron no pocos los miembros de la familia real que optaron ellos mismos por dar de lado a los honores palaciegos para seguir la norma de vida que acreditó el santo asisiense, en aquellos conventos que les fueran asignados por la obediencia. De ellos, la memoria franciscana perpetúa con especial cuidado la ejemplaridad virtuosa de quienes destacaron por su vida edificante. Algunos de ellos gozan incluso de la venerabilidad que otorga haberse incoado con general aplauso la causa de su beatificación. Todos ellos llevan en su nombre como distintivo de su personalidad la pertenencia al reino de Aragón.

Ya en 1304, fray Jaime de Aragón toma el hábito franciscano, y a lo largo de su vida lo ennoblece con la estrechez con que vive el desprendimiento que reclama Jesús de sus seguidores, destacable sobre todo en quien era el primogénito del rey D. Jaime II de Mallorca y de la reina Dª. Esclaramunda de Foix. Parecida suerte corre el venerable D. Felipe, hermano suyo, que accede al sacerdocio y toma el hábito de la Orden Tercera. Y aun hay un sobrino suyo que lleva su mismo nombre, fray Felipe de Aragón, que prestigió su santidad con una vida austera merecedora de la declaración de venerable, al ser introducida la causa de su beatificación, por los años de 1342.

Fue igualmente declarado venerable fray Pedro de Aragón, hijo de los reyes D. Jaime II y Dª Blanca, “varón de conocida santidad”, por los años 1380. Hermano suyo y venerable como él fue D. Juan de Aragón, arzobispo de Toledo, de Tarragona y Patriarca de Alejandría. Su devoción por la pobreza evangélica de san Francisco, le induce a tomar el hábito de los terciarios, por los mismos años que fray Pedro.

Venerable fue declarado igualmente fray Juan de Aragón, que profesó y recibió su ordenación sacerdotal en el Convento de San Francisco de Zaragoza. Se le considera el verdadero apóstol de Bosnia y Croacia, desde donde los franciscanos aragoneses irradian su actividad evangélica hacia los pueblos del este europeo. No estuvo falto el santo misionero de hechos prodigiosos que prestigiaron la obra de Dios entre sus oyentes. Eran los años de 1373.

Hacia 1383, acredita sus saberes teológicos fray Guillén de Aragón, a quien Hebrera reputa como “Theólogo profundíssimo”, que alcanza altas cotas de celebridad durante el reinado de Pedro IV.

En Sicilia, en torno a 1428, florece en santidad otro noble aragonés, fray Andrés Aragón, cuyo distintivo real habla igualmente claro de la calidad de su estirpe, reuniendo en sí a un tiempo la doble nobleza de la sangre y del amor a Cristo.

El nombre de Francisco reincide en una serie de ellos, ya que es el honorable nombre del santo fundador. Y así, el venerable fray Francisco de Aragón, llamado también de Campobasso, ya que sus restos descansan en el convento situado en dicha localidad, alcanzó notoriedad por la estrechez de vida a que sujetó la suya, por los años de 1480.

También lleva ese nombre fray Francisco de Aragón, a quien por eso mismo se dio en conocerlo por el Brisiano, dado que en el convento franciscano de Brisia yacen sus restos sagrados. Vive cerca del año 1493.

Fray Francisco de Aragón se llama también, apellidado de Domocalena,  otro religioso igualmente noble, del que se guardan los restos en el convento franciscano de dicho lugar, y que alcanzó altísima consideración de hombre santo, notable sobre todo por la “asperíssima penitencia” con que disciplinó sus pasiones, y a quien Dios no dudó en señalar con la nobleza de sus prodigios, por los años de 1498.

Hay un tercer fray Francisco de Aragón, llamado por eso con el mote de el Indiano, que se le aplica por haber intervenido en la fundación del convento de Lima, y de quien se sabe que había nacido hacia 1540.

Merece la pena, finalmente, señalar la figura de Peregrín de Aragón, ya que, como fray Juan de Aragón, fue predicador apostólico de Bosnia y Croacia, y obispo de Espalatro, en Dalmacia, por los años de 1403. A ellos se debe que desde esas lejanas tierras de Europa se llevase la fe a pueblos situados más al este europeo, labor que desde antiguo seguirán ejerciendo con especial dedicación los franciscanos de Aragón, razón que explica su ausencia, más tarde, en la aventura americana del siglo XVI.

(Cf. José Antonio Hebrera, Crónica de la Provincia Franciscana de Aragón, Madrid, 1991, pp. 95 y ss.).
AMF