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El historiador franciscano fray José Antonio Hebrera recoge en su Crónica un conjunto de escritores franciscanos, anteriores a la división de la Provincia Franciscana de Aragón en otras tres, que antes eran ya Custodias dependientes del régimen central de Zaragoza.

Fue en el Capítulo Provincial celebrado el año 1557 en el Convento de Jesús de  Barcelona, bajo la presidencia de fray Antonio de Almeida, en ausencia del Ministro General fray Andrés de la Ínsula, donde se determina que las tres Custodias de Aragón, Cataluña y Valencia se independicen, formando otras tantas provincias, dado el creciente número de conventos que iban poblando el territorio cristiano. Lo aconsejaba así el distanciamiento de sus límites más extremos, con la consiguiente dificultad de  comunicación y mantenimiento de la disciplina regular entre los religiosos. 

Hasta esas fechas, era ya notable el número de religiosos que se acreditaron como hombres de letras y escritores de nota. No era para menos: la expresión literaria comienza con el mismo Francisco de Asís, que alaba a Dios en su famoso Cántico de las Criaturas, convocando a todas las criaturas en un fraterno coro universal.

Los laudes, a imitación de ese himno laudatorio, serían desde entonces la práctica poética de los escritores franciscanos que crea escuela, la Escuela de Umbría o de los Laudes, donde fray Jacopone de Todi se acredita de singular manera. La distingue el cultivo del sentimiento amoroso y el de la consideración de las cosas, daría pie a la escuela italiana del dolce estil nuovo, donde bebe el famoso terciario franciscano y eximio escritor Dante Alighieri.
 
Lamenta muy certeramente Fray José Antonio de Hebrera (Crónica de la Provincia Franciscana de Aragón, l. I. Cap. 37, pág. 143), que no hayan llegados hasta nosotros obras famosas en su tiempo, pertenecientes a autores felicísimos, por no existir todavía la imprenta, que con la edición de manuscritos, habría facilitando su conservación. Hebrera nombra a un determinado número de escritores cuya fama ha preservado sus nombres y el título de sus obras. Tales son:

Fray Antonio Asensio Andrés

seguidor de la doctrina del Doctor Sutil Juan Duns Escoto, que figuró como notable discípulo suyo, consumado teólogo y “metafísico agudísimo”. La dulcedumbre de su lenguaje le valió el título de Doctor Melifluo. Fecundo escritor, ha dejado 4 libros sobre las Sentencias de Pedro Lombardo, 12 sobre la Metafísica, uno sobre Las Divisiones de Boecio, otro sobre los tres principios, 8 sobre la Física, 3 sobre la Lógica de Aristóteles, uno sobre los Seis Principios de Gilberto y uno más sobre las Perhiyermenias. Su fama alcanzó cotas de muy alta celebridad, por los años de 1320.

Fray Gilberto Rubio (alias Rubion). Discípulo de Duns Escoto, se erige pronto en teólogo eminente, cuya independencia de criterios no le deja adscribirse ni a la escuela escotista ni a la nominalista de Guillermo de Okan, bien que siente gran veneración por la eminencia de su maestro escocés. Escribe una “copiosísima” obra sobre los cuatro libros de las Sentencias, como era preceptivo en toda cátedra que se preciase. Eran los años de 1333, cuando ejercía como Ministro Provincial de Aragón. Es muy explícito y definitivo el elogio que le dedican eminentes maestros de la Sorbona, que llegaron a decir de él que “no parece sino que a toda la escuela puso la última mano”.

Fray Sertorio de Valencia.

Escribe unas Compilaciones sobre Sagrada Escritura y más aún sobre La Ciudad de Dios, de san Agustín, que merecieron el elogio de los cronistas. Desarrolla su actividad en to0rno al año 1325.

Fray Tomás Jordán.

A él se debe un libro sobre la fundación del Convento de San Francisco de Zaragoza, que el P. Hebrera consultó agradecido. Fue teólogo y catedrático de Escritura en la Universidad de Lérida por los años de 1399.

Fray Juan Marbrés.

Su conocimiento sobre el Derecho Canhónico le vañiço el mote de el canónico. Nace en Cataluña, como él mismo confiesa. Fue discípulo de Juan Duns Escoto y florece en filosofía, teología y ambos derechos. Escribe cuatro libros sobre las Sentencias, un libro titulado Lecturas Magistrales, otro sobre Questiones disputadas, ocho que versan sobre la Física de Aristóteles, y uno más sobre Questiones Dialécticas. Todo esto por los años 1329.

Fray Juan Bassols.

La disputa sobre su posible origen escocés desdice el incuestionable apellido catalán que le define como tal. Discípulo de Escoto, sentía el maestro tal predilección por él, que al subir a la cátedra para impartir su enseñanza, en verle exclamaba: Ya está aquí el auditorio. Se acreditó como elegante orador y profundo teólogo, que ha dejado cuatro libros sobre las Sentencias, de marchamo escotista, otro sobre Miscelánea Filosófica y Médica, allá por los años de 1313.

El venerable fray Poncio Carbonell.

Fue eminente predicador y maestro de san Luis, obispo de Tolosa, y ha escrito con admirable sabiduría la Postila, sobre Sagrada Escritura, “assumpto bien memorable y disputado en nuestra religión”, todo un florilegio donde encadena argumentos y autoridades con profusión. Vive en torno al año 1288.

Fray Anfrido Juntero.

Famoso teólogo que hace llamar para su servicio el papa Juan XXII a Aviñón, integrándolo en la junta que organiza de cardenales, arzobispos, obispos y maestros procedentes de varias órdenes, a fin de debatir la posible dispensa del voto de pobreza “en particular y en común”, a los religiosos conventuales. Ha dejado un libro discretísimo sobre la pobreza de Cristo y sus apóstoles. Florece en torno al año 1320.

Fray Francisco Jiménez.

Famoso polígrafo nacido en Gerona en torno al año 1349, toma el hábito en el Convento de San Francisco de Valencia, donde vivió largos años, y donde había estudiado filosofía y teología, admirable en santidad y sabiduría, que llena su curiosidad en las universidades más famosos de momento, como las de Colonia, París, y Oxford, y a quien tuvieron en gran estima personajes como la reina Dª María de Luna, mujer de D. Martín de Aragón. Fue obispo de Elna, Patriarca de Jerusalén y comisario apostólico de la cruzada que organizan els Jurats de Valencia para alejar la piratería de sus costar. Su dedicación a la pastoral y estos otros menesteres no le impidieron dejar de “estudiar, predicar y escribir”. Los años de estancia en Valencia que van de 1383 a 1409, son los que desarrolla una actividad literaria más intensa. Hombre de polifacéticos saberes, dejó una abundante producción literaria, de la que cabe destacar algunos libros como, en catalán, una Vita Christi de la que se haría muy pronto una traducción a la lengua francesa, y de manera incansable, una Doctrina Cristiana, El Pastoral, Regiment de la Cosa Pública, a petición de los jurats valencianos, obrita muy discreta que traza qué normas hay que seguir para el buen gobierno del reino valenciano. Son famosísimos los que titula Primer y Segón del Crestiá, Dotzé del Crestiá, Libre dels Angels y el Carro de les Dones, entre bastantes más. Su legado cultural sólo es comparable al de Raimundo Lulio. Muere en Perpiñán el día 14 de noviembre de 1415, según Hebrera, bien que otros apuntan otras fechas.

Fray Arnaldo Claramonte.

Se sabe de él que fue hombre doctísimo. Como demuestra haber merecido la “Laurea Parisiense”, con letras del papa Juan XX.

Fray Pedro Tomás.

Siguiendo la estela de Escoto, como la mayoría de escritores  de aquella época, nos deja un Tratado de Formalidades, otro de Esse Intelectuali y un tercero sobre la Concepción Inmaculada Concepción der la Virgen, Nuestrta Señora. En la Historia de la Religión, se hace eco de su nombradía su autor Toriniano, quien anota que este último tratado lo dedicó a un infante de Aragón.

Fray Guillermo Górriz,

edita, en Tolosa, el año 1486, un libro que llegaría a cobraría notable celebridad titulado Scotus Pauperum, super Quator Libros Sentenciarum, que dedica al arzobispo de Zaragoza, D. Alonso de Aragón.

Fray Pedro Tierra.

Fue uno de los custodios de Cataluña y escribe un libro calificado por Hebrera como precioso, prueba de que lo tuvo en sus manos y lo saboreó, titulado Supplementum Privilegiorum Ordinis Minorum.