según el Libro de las Incorporaciones

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            Del Libro de Incorporaciones del Colegio de Propaganda Fide de Ocopa, Lima, 1752, escrito por el P. Izaguirre y anotado en 1870 por el P. Julián Heras,  hemos podido obtener información complementaria muy valiosa, sobre religiosos aragoneses que dieron lo mejor de su vida en pro de la evangelización de América del Sur, desde el Colegio de Santa Rosa de Ocopa.

            Se trata de un valiosísimo libro documental que el capítulo celebrado en el Colegio el día 7 de noviembre de 1767, determino que diera constancia de las incorporaciones de religiosos al Colegio, anotando el día, mes y año de su incorporación. 

            El Colegio se erige con cédula real y bulas pontificias el año 1752. En principio, habitaban dicho Colegio 7 religiosos, cuatro de ellos sacerdotes y tres hermanos. Y ese año se incorporan al Colegio los religiosos de la misión que preside fray José Ampuero, natural de Aguilar de Campoo, procedente del Colegio franciscano de Sahagún, León, donde rigió los destinas de esa comunidad como guardián, y que rige los destinos de la casa de Ocopa como primer guardián de la comunidad misionera.

            Hubo dos remesas de religiosos que forman la primitiva comunidad, la de fray José Ampuero y la de fray José de San Antonio, que se volvería a España. “La Misión que alistó el P. José de San Antonio se componía de 60 padres y 27 hermanos. Divididos en dos grupos: el primero, presidido por el P. Ampuero llegó a Ocopa a principios de 1752; el segundo lo trajo el P. José de San Antonio en 1754. En 1768 llega otra expedición con 31 sacerdotes y 5 hermanos. Y en 1769, el Exmo. Sr Virrey dispone que los prelados puedan incorporar al Colegio a los religiosos Raimundo Piqueras. Tomás Piqueras y Valentín Arrieta.
           
            Entre los religiosos fundadores, figuran algunos aragoneses, como Fray Francisco Sánchez, predicador, que fue destinado al Colegio de Chillán, predicador, fray Matías de San Diego, predicador, fray Ventura Vellido, confesor, y fray José Colás, hermano laico, que moriría en Ocopa  No todos los religiosos se quedan en el Colegio; algunos son destinados a Chillán y otros Tarija.            
            Entre sus primeros guardianes figuran fray Andrés Blanco, fray Manuel Becerril,  fray José López, fray Francisco de San José, etc.

            El Colegio de Ocopa, además de centralizar la obra misionera en la amazonía, contribuye a la fundación de otros colegios misioneras en Tarija y Chillán, y se hace cargo de las misiones de Chiloé. N o todo en la historia de Ocopa fueron éxitos misioneros; los indios miraron a veces con recelo la presencia y realización evangélica del mensaje de Cristo, y los religiosos hubieron de sufrir serias tarascadas del rechazo, ya en el Pajonal, ya en San Francisco de Manoa, donde entre otros religiosos muere de un hachazo en la cabeza el predicador apostólico fray Roque Aznar. Y como si de fichas de dominó se tratara, la rebelión se extiende a los indios conibos, que dan muerte a los religiosos conversores, entre quienes figura el aragonés fray José Jaime con algunos indios de Cajamarquilla. En total, en esta y otras revueltas, entre 1766 y 1767, fueron seis los sacerdotes y doce los hermanos laicos que dieron su vida por extender entre los nativos la fe cristiana. Los religiosos Roque Aznar y José Jaime habían llegado al Colegio , desde el de Chillán, donde eran moradores desde el año 1764.

            El Colegio de Santa Rosa de Ocopa, que fue durante tanto tiempo la ventana por la que la luz del evangelio iluminaba las oscuridades de la selva y llevaba los adelantos de la civilización a las tribus peruanas por los ríos de la amazonía, sufre las ligerezas y torpes interpretaciones de la historia por parte de los políticos, no siempre bien informados, o tan cortos luces a veces. El año 1821 se independiza Perú de la soberanía española. Bolívar, que identifica el Colegio de Ocopa con la condición española de los religiosos franciscanos que han venido habitando sus claustros desde su fundación, decreta el cierre del Colegio el año 1824. El resultado más lastimoso e inmediato es la pérdida de las misiones de Oriente y el abandono misionero de la selva en general, aún a riesgo de que toda esa región hubiera pasado a otras manos, no precisamente nacionales, a poco que lo hubieran intentado. Para proceder con mejor criterio, hubiera bastado con sustituir al personal con religiosos locales de la Provincia de los XII Apóstoles. Es hecho lastimoso es que, durante ese tiempo, desaparecen una buena parte de la rica documentación y bien surtida biblioteca del Colegio, material que pasa a manos “extrañas e incluso extranjeras”, observa el P. Julián Heras. Fueron las voces de alarma del arzobispo de Lima, la misma urgencia de corregir “el desacertado decreto de Bolívar” y “la conveniencia de defender las fronteras nacionales”, lo que conduce a la apertura del convento el 1836, para lo que se recolectan misioneros de procedencia europea.

            Es relevante la integridad de fray Manuel Trinidad Plaza, que se había incorporado al Colegio el 6 de octubre de 1799, quien permanece a solas, selva adentro, sin respaldo alguno desde fuera, durante todo este tiempo, manteniendo como mejor pudo el fuego misionero inculcado a los indios, ajeno a todo contacto con la civilización, situando en Sarayacu el centro de sus andanzas misioneras.

            La afluencia de nuevos misioneros viene a dar continuidad a la obra misionera suspendida por el ardor política de la revuelta. El esforzado misionero que fue fray Manuel T. Plaza es el eslabón que da continuidad a la esforzada obra con los nuevos misioneros.   

             
            Bien dice el Ministro General José Carballo que los franciscanos “hemos estado siempre en las fronteras de la evangelización”, porque “nuestro claustro es el mundo”

            Del Libro de incorporaciones entresacamos los datos referentes a religiosos aragoneses que pasaron por dicho Colegio.

Fray Manuel Gil

            Fray Manuel Gil nace en Balbuente, diócesis de Tarazona, donde los franciscanos disponían de convento. En América, reside en Tarija, y desde ahí pasa las misiones de Apolobamba y se le nombra Comisario de Misiones el año 1761. Un año antes, había entra hasta Manoa, en compañía de fray Valentín Arteta y fray Francisco de San José, para contactar con la nación seteba, en las proximidades del río Ucayali. Su compañero fray Francisco de San José dejaría escrita una relación de dicha expedición, titulada Viaje a Manoa que hicieron en este año de 1767 los PP. Fray Manuel Gil, Valentín Arteta y Francisco de San José. Dos años después consta que visita las conversiones de Huánuco y Cajamarquilla.

            Es uno de los misioneros que inicia su entrada, por el río Puzuzu, a las aldeas ribereñas del río Ucayali, si bien no consigue atraer la atención de sus pobladores indígenas. El año 1767, en compañía de los religiosos Francisco de San José y Valentín Arrieta, de nuevo a través del río Puzuzu, llega hasta la tribu de los conibos, atrevido intento que les pudo costar la vida, de todo lo cual dejó una relación testimonial. Según anota el P.Julián Heras, navegando por dicho río, “fueron sorprendidos por los conibos, que quisieron flecharles, pero cesaron al ser deslumbrados por un globo de fuego, como nos cuenta el P. Gil, testigo presencial”. Y todavía otra vez, ésta por el río Pachitea, trata de contactar con los indios amages, que habían apostatado, sin lograr dar con ellos.

            En ese año de 1767, accede al río Ucayali, por el Puzuizu, junto con e Fray Francisco de San José, a fin de pacificar a los indios ribereños, setebos, sipibos y conivos, que se habían rebelado y dado muerte a todos los cristianos, y apenas si consiguieron otra cosa que comprobar la inconstancia de los cristianos nativos.

            Da por concluida su empresa en tan difíciles y arriesgados lugares, y regresa a su Colegio de Torija, donde, el año 1769, había dado comienzo a su obra misionera.

Fray José Orduña

            Todo lo que sabemos del fray José es que procede de la villa aragonesa de Cosuenda recostada al pie de un castillo rocoso, en el campo de Cariñena, en cuya iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles debió recibir las aguas bautismales, y desde Aragón, cumplidos los estudios teológicos que conducen al presbiterado, pasa, ya en el Perú, al Colegio de Tarija. Cuál sea el itinerario misionero del buen franciscano, ha quedado en la humilde oscuridad del olvido, parada ceniza que tantas cosas oculta a la curiosidad del hombre.

Fray Francisco Sánchez

            Pertenece a esa humilde corte de frailes oscuros de quienes nadie se ocupó de fijar sus andanzas misioneras. No consta ni en qué lugar de Aragón nace y dónde conforma su vocación franciscana. En el Perú, entra a formar parte de la comunidad del  Colegio de Chillán, en enero de 1758 “con patente de Comisario de Misiones, en lugar del P. Seguín”. Y cuando, siete años después, da por consumado su propósito misionero,  decide regresar a su Provincia aragonesa en 1765, sin conseguirlo, ya que durante la travesía Dios opta por darle otro destino junto a sí.

Fray Matías de San Diego

            Natural de algún lugar del reino aragonés, hace su presencia por primera vez en América en la fundación del Colegio de Torija. Se le destina a las conversiones de Apolobamba, donde permanece varios años y el año 1765 se incorpora al Colegio de Ocopa. Figura durante algún tiempo en las conversiones de Huánuco y actuó igualmente  como misionero en el obispado de Huamanga. El año 1770 actúa como visitador en las conversiones de Cajamarquilla, y todavía durante ese año, se le instituye Procurador de las conversiones de Lima, en el desempeño de cuyo cometido vio la luz del Padre ya para siempre. 

Fray José Colás

            Fray José es natural de Calamocha, una de las poblaciones más prósperas y populosas del valle del Jiloca, en Teruel. Fray José hubo de pasar de las temperaturas frías de su tierra a las cálidas de la selva peruana, en la fundación del Colegio de Tarija. Del Colegio sale, en compañía de su compatriota fray Manuel Gil, Comisario de Misiones, hacia las conversiones de Huánuco y Cajamarquilla, el año 1763, e igualmente en su compañía, entra en busca del contacto con los indígenas en plena selva baja por el único medio de locomoción, el río, en este caso el Puzuzu. Se incorpora al Colegio de Ocopa el año 1767, y tres años después, visita las conversiones de Huánuco, para regresar al Colegio el año 1780. Seis años después rendiría cuenta de sus arriesgadas empresas misioneras y la dura vivencia franciscana del evangelio, en las manos del Padre.

Profesos en el Colegio de Ocopa

            En su Introducción al Libro de Incorporaciones, donde bebemos las noticias biográficas de esta relación, escribe el R. P. Julián Heras, que si bien en una primera época de la historia del Colegio de Propaganda Fide de Ocopa, los religiosos llegaban al Colegio ya formados, desde la independencia de Perú, se propicia la incorporación de jóvenes a los que hay que dar formación en el propio Colegio, faltos ahora del beneficio impagable de la ayuda que hasta entonces venía prestándole la Corona de España.

            Entre esos jóvenes que maduran su vocación a la sombra de la vida conventual del Colegio, los hay procedentes del antiguo reino de Aragón, como vemos seguidamente.

Fray Baltasar de San Juan

            Fray Baltasar de San Juan, natural de Fabuenca. Trasladado a la selva peruana, profesa en el Colegio de Ocopa el día 3 de enero de 1754, a la joven edad de 23 años, y ordenado sacerdote al tiempo de aprobar sus estudios teológicos, se ordena de sacerdote, para pasar al Colegio de Tarija.

Fray Francisco de la Virgen del Pilar

            Nace en Zaragoza, donde los franciscanos disponían del Convento de San Francisco, anejo casi al Colegio de San Diego, y el de Nuestra Señora de Jesús, en la ribera del Ebro. Tenía 22 años cuando profesa en el Colegio de Ocopa bajo la condición de hermano laico. Ocupado en las insustituibles labores propias de su estado, no menos estimables que las de un sacerdote, se le destina al Colegio de Tarija, donde debió de permanecer largamente.

Fray Manuel Sola

            Se sabe que es aragonés, bien que no aparezca citado el lugar de nacimiento. Los datos que nos llegan de él, como de la mayoría de misioneros, no pasan de ser telegramáticos, al no darnos señales, las más de las veces, que permitan perfilar las condiciones humanas del personaje. Llega al Colegio de Chillán antes de pasar al de Ocopa el año 1765. Actúa en la misión de Huancayo y en 1767 en las de Huánuco, donde permanece un cierto tiempo. Aparece también ayudando a la misión en el obispado de Huamanga y en Huancavelica. Se incorpora finalmente al Colegio de Torija el año 1769, donde desaparece el rastro de  su vida misionera.

Fray Francisco Gazo

            No consta su lugar de origen. Desde Aragón se traslada a América el año 1736. Desde entonces, formado en el Colegio de Ocopa como era de rigor por 4espacio de un año, ejerce su espíritu misionero durante largos años en las conversiones de Pajonal y Sonomoro. Su espíritu organizador le hace merecedor del desempeño de numerosos oficios al servicio de la Provincia limeña de Los Doce Apóstoles, hasta que se incorpora de nuevo al Colegio el año 1767 por espacio de dos años, mas como no se concertaba  demasiado con su temperamento la tranquila vivencia conventual, resuelve finalmente volver  a la Provincia de Lima el año 1769.Y ahí suspenden las crónicas las noticias sobre su estancia misionera en Perú. Se sabe, con todo, que estuvo presente en el Pajonal durante la destrucción de las misiones del Cerro de la Sal, por un indio rebelde, abandonados los religiosos por los neófitos. 

Fray Eugenio Morós

            Fray Eugenio nace en el caserío de Cuancaburna, Tarazona, perteneciente al arzobispado de Zaragoza, y concluidos los estudios que le capacitan para ser ordenado como sacerdote, embarca en Cádiz el día 9 de febrero de 1781 hacia América. Se incorpora al Colegio el día 27 de abril del año siguiente, después de un largo viaje. Y cumplido el trámite obligado de iniciarse en los conocimientos que faciliten su labor misionera, se inicia en ella en las provincias de Tarma y Huanuco, pertenecientes al arzobispado de Lima, y como predicador, consta que predicó varias cuaresmas. El año 1794, ya curtido en la ardua labor evangelizadora, se le nombra maestro de novicios y ejerce como vicario el año 1795. Se incorpora finalmente a la Provincia de los Doce Apóstoles de Lima el año 1795.

Fray Manuel Sobreviela

            Sobre fray Manuel Sobreviela, cuya sumaria reseña aparece en al apartado 31 de Documentos,   fray Julián Heras, en la nota nº 120,  completa los datos que trae el Libro de las Incorporaciones, de Ocopa, ya citado, destacando la singularidad misionera y organizadora de fray Manuel, con el siguiente comentario que cito literalmente:

             “El P. Sobreviela es sim duda alguna, juntamente con el P. Girbal, cuyos nombres van siempre unidos, uno de los misioneros más célebres de Ocopa. Con su sabio gobierno del Colegio y de las misiones se granjeó los más fe4rvientes elogios y en su tiempo llegaron las misiones de Ocopa a un gran esplendor, que desgraciadamente habría de durar muy poco, pues eran los años preemancipatorios y es la época de los levantamientos y rebeliones que anunciaban ya la independencia del Perú. No debemos olvidar, empero,  que el P. Sobreviela contó con óptimos colaboradores entre los religiosos, a quienes upo darles sabias y minuciosas instrucciones en cada una de sus expediciones. Tuvo también el apoyo incondicional de Intendentes y Virreyes. “Los hechos que más glorificaron su nombre -dice el P. Izaguirre- fueron sus proyectos y programas de colonización, la apertura de caminos, sus artículos en el “Mercurio Peruano”, publicación a cuyo renombre contribuyó eficazmente y por último, el mapa del Oriente, que trabajó con los mayores cuidados que pudo y que produjo tan grata impresión en los hombres de saber, dentro y fuera de Perú”. El P. Sobreviela juzgaba y lo mismo pensaban otros misioneros de Ocopa, como el P, Álvarez de Villanueva, que las misiones de Ocopa no podrían progresar, si no se unía la industria, el comercio y la apertura de caminos a la obra del misionera. Los PP. Pallarés y Calvo dicen de él: “Elegido prelado de este Colegio, recibieron tanto incremento las misiones de fieles e infieles, gracias al talento de este Guardián, que bien podemos asegurar que este Colegio desde su fundación no ha tenido jamás tantos pueblos de conversiones ni un número tan considerable de almas bajo su cuidado”. La comunidad de Ocopa en su tiempo se componía de 85 religiosos, de los cuales 50 estaban empleados en las misiones. Igualmente destinó 12 misioneros para que durante tres años recorrieran los arzobispados de Lima y Trujillo predicando misiones. Cuando iba a emprender alguna expedición, se cercioraba primero de la que ya otros habían escrito anteriormente, sobre todo de los informes y relaciones existentes en el archivo de Ocopa. Además consultaba con personas que hubieran conocido la región, como repetidamente dice en sus diarios. Luego él personalmente visitó todas las misiones que estaban a su cargo, comunicando este mismo espíritu a sus misioneros, sobre todo al P. Guirgal. De ahí la frase muy consoladora para el P. Sobreviela y sus colaboradores del Virrey La Croix al Consejo de Indias: “Estos documentos no dejan qué desear en la materia, ellos presentan a la vista cuanto se puede apetecer para adquirir un perfecto conocimiento de aquel tan vasto terreno, lo que de él ocupamos y al pie en que se hallan las conversiones, como también los individuos destinados a esta benéfica obra” (Izaguirre, VII,343). Sin embargo, no le faltaron detractores, pues existen escritos, aunque inéditos, de algunos religiosos que le antecedieron en el gobierno de Ocopa y que eran del partido opuesto en el famoso capítulo guardianal de 1787, como ya lo vimos en otra parte (nota 87). Pero ello en nada empañó su merecida gloria. “Pero lo que hace el P. Sobreviela -dice Raimondi- más acreedor a la consideración de los geógrafos, es el m apa que hizo de la región de la Montaña que lleva por título: Plan del curso de los ríos Huallaga y Ucayali, y de la Pampa del Sacramento”. Etc.

Fray Agustín Sobreviela

            Sobre fray Agustín, hermano de Manuel Sobreviela, cuya reseña figura ya en Colegios de Propagan Fide, en el apartado Documentos, nº 31, decíamos que como explorador y misionero dejó constancia de sus andanzas en torno a la visita que gira a las conversiones montañosas de Huanta y Huamanga y la reducción de San Buenaventura, en 1790, y en 1798 sobre la expedición a Jauja por el Valle y Pampa de Monobamba.

            Fray Juan Hera, citando al P. Izaguirre, nos da los títulos de tales diarios, que tenemos a bien dar a conocer aquí, como son: Diario de la visita que hizo a las conversiones de las montañas de Huanta y Huamanga y de la reducción que con el nombre de San Buenaventura de Quiempiric se estableció en las montañas y márgenes del río Apurimac, 1790 (una copia de este manuscrito existe en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Lima), y Diario de la entrada que hice a las montañas y fronteras de Jauja para reconocimiento del Valle y Pampa de Monobamba, 1789. Cf. Izaquirre, Libro de Incorporaciones de Ocopa,1752, VI, 284, 317, 355; VII, 32.

Fray Ramón Aynoza

            Nace en Calaceite, perteneciente entonces al arzobispado de Tortosa. No se sabe en qué conventos se formó hasta llegar al sacerdocio. En América, una vez cumplido el tiempo que está establecido, sale de Ocopa hacia las misiones de Chiloé y se desincorpora de Ocopa en 1806, si bien vuelve a incardinarse a la obediencia del Colegio en mayo de 1809, para desincorpora otra vez el día 13 de ese mismo año. De nuevo trabaja en Chiloé, donde encuentra la muerte. 

Fray Mateo Gil y Aznar

            Fray Mateo es un religiosos turolense nacido en la villa de Orrios. Cabe que algo tenga que ver en su formación el convento de San Francisco de Teruel, entonces colegio de Filosofía y Artes. En Ocopa figura como discreto de la comunidad franciscana el 17 de octubre de 1804. Ejerce como visitador de la Tercera Orden de Huánuco en julio de 1810. Se desincorpora del Colegio de Ocopa en noviembre de 1812 para incorporarse a la Provincia de Lima.

Fray Antonio Aragonés

            Natural de Codoñera, en Zaragoza, era todavía estudiante de estudios superiores o corista cuando parte hacia América y concluye sus estudios en Santiago de Chile, donde se ordena de sacerdote a primeros de febrero de 1804. Pasa a Ocopa, y consta que se desincorpora del Colegio en enero de 1815.

Fray José Lasala

            Nacido en Egea de los Caballeros, Zaragoza, al igual que fray Antonio Aragonés, sale hacia América en compañía suya, cuando aún está cursando los estudios propios de la carrera eclesiástica, que concluye también en Santiago de Chile, donde se ordena a primeros de febrero de 1804. Figura como discreto de Ocopa el 30 de julio de 1810 y presidente de Hauylillas el 30 de julio de 1813.

            Era  Colector desde 23 de enero de 1815. Tres años después, el día 17 del mes de marzo de 1818, se embarca al frente de una expedición en Cádiz con un grupo de religiosos, y llega al Colegio el 5 de enero del año siguiente. 

            No concuerda con estos datos los de otra expedición que se le atribuye, con la que trasladaría una expedición de religiosos desde Cádiz, el 18 de mayo de 1818, para llegar a Ocopa el 11 de diciembre del mismo año.

            Se le nombra Prefecto y Comisario de misiones el 12 de enero de 1822.

Fray Vicente Treja

            Paisano de Fray José Lasala, nace en Egea de los caballeros, y estudiante como él, cruza el océano hasta recalar en Santiago de Chile, junto con los coristas fray Antonio y fray José. La ordenación ocurre en las mismas fechas de primero de febrero de 1804, y desde ahí divergen sus ocupaciones misioneras, porque fray Vicente es enviado como cura a M uña, en el mes de enero de 1805. Se desincorpora del Colegio y se incardina a la Provincia de Cuzco, en enero de 1814.

Fray Nicolás Burillo

           Fray Nicolás viene al mundo en la villa de Hijar, donde los franciscanos tenían un famoso convento, hoy lastimosamente derruido que santifica con su ejemplaridad fray Pedro Selleras, y a cuya sombra debió de crecer su vocación franciscana. Una vez en América, se le destina, desde Ocopa, como cura, a las conversiones del pueblo de Sión, en el mes de diciembre de 1805. Se desincorpora en enero de 1814 para incardinarse a la Provincia de Lima. Es todo lo que nos dice de él el Libro de Incorporaciones. 

Fray José López

            Nace en Mora, en la provincia de Teruel, situada hacia el sur de la capital, donde los religiosos disponían como convento del antiguo castillo del Señorío de los Fernández de Heredia. Desde Ocopa, es destinado a las islas de Chiloé el día 31 de diciembre de 1905.

Fray Andrés Benedid

            Fray Andrés Benedid, natural de villa de Pina, situada en la depresión del río Ebro. En la selva peruana se le encomienda visitar a las fraternidades de la Tercera Orden, como consta el día 13 de julio de 1819. Figura igualmente como discreto del convento de Ocopa desde el día 12 de julio de 1822.

Fray Francisco Grau

            Nace en la Villa de Ráfales, Teruel, próxima al río Tastavins, y sólo se nos dice de él que concluye su vida misionera en Lima, donde muere el año 1813.

Fray Rafael Cases

            Este oscuro religioso sólo nos ha dejado la noticia de que es natural de Castelserás, antigua población de origen ibérico, situada en las proximidades de la confluencia de los ríos Mezquín y Guadalope, perteneciente al arzobispado de Zaragoza. De su estancia en Perú, sabemos que pasa por el Colegio, como era preceptivo. Lo demás queda velado por la oscuridad de su vida misionera.

Fray Manuel Usón

            Fray Manuel nace en Gelsa, perteneciente al arzobispado de Zaragoza, situada en la depresión del río Ebro. Ahí concluye su historial conocido. Es fácil imaginar sus andanzas evangelizadoras por los ásperos caminos que ellos sí hacían al andar por la selva inextricable, estrenando gentes, ríos y paisajes.

Fray Vicente Melero

            Nace en Mezquita del Abad de Tangue, en el obispado de Teruel. Y es uno de tantos misioneros de modesta biografía, que se dieron a la labor misionera sin hacerse notar. Es todo lo que de él se sabe.