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No resulta nada fácil señalar en el mapa de las nuevas tierras descubiertas por los españoles un lugar donde no figure y se adviertan las huellas primerizas de un franciscano. En muy buena parte, Francisco evangelizó América, él, misionero en Tierra Santa antes que nadie. Fray Antonio EstebanPoco es lo que sabemos de este oscuro franciscano. Es aragonés de anónima natividad, que elige voluntariamente el curso de su vocación misionera. Sí figura como guardián de el Convento de San Agustín, en Florida, el año 1747. Su valía se muestra en la sucesiva elección para ejercer cargos de responsabilidad y gobierno, porque vuelve a aparecer ejerciendo como definidor de dicha Provincia, y consumada la rebelión de Timacúa, acompaña al gobernador, D. Diego de Rebolledo. Ahí se pierde el rastro de su vida misionera, que las contrariedades del momento no facilitaron en demasía. Fray Cosme BorruelEs una do las figuras más eminentes de la Orden en América, donde transcurre prácticamente toda su vida, ya que desde Zaragoza, donde nace, es llevado a tierras mejicanas niño aún. Estudia humanidades y filosofía con los padres jesuitas y recibe la órdenes sacerdotales como presbítero secular. Su recia formación teológica que hizo de él un notable predicador, aconseja al obispo franciscano de Guadalajara, Sr. D. Manuel de Mimbela y Morlan, ponerlo al frente del seminario de dicha localidad. Viste el hábito franciscano atraído por la amable santidad de san Francisco, en el Colegio Apostólico de Nuestra Señora de Guadalupe, en Zacatecas. Son años de madura vocación que se vierte en la predicación de la palabra y la publicación de alguno de sus sermones más señeros, entre los años 1728 y 1734. Como misionero, aparece en las conversiones de San José y del Espíritu Santo, en Texas, los años 1736 y 1737, en compañía de fray Miguel Núñez de Haro, probado misionero, de quien se sabe que ya había estado en Texas en 1717, donde había misionado entre los nativos, en los conventos de San Antonio y San José. No se sabe en qué extrañas circunstancias se desligó del Colegio de Zacatecas y se incorpora a otro instituto religioso cuya identidad y fecha se ignoran. Fray Baltasar CarnicerNace en la noble ciudad de Alcañiz, Teruel, y toma el hábito cuando contaba diez y seis años de edad, y todavía con las mieles del diácono en los labios, cruza el charco para pisar Nueva España, donde recibe las órdenes ministeriales del sacerdocio, antes de incorporarse al Colegio Apostólico de San Fernando de la ciudad de Méjico. Cinco años después, aparece ya en la Alta California, al servicio del Convento de San Francisco, para pasar después al de San Miguel, donde consta su presencia en los años 1797, 1798 y 1800. Antes de esta última fecha, ya había prestado sus servicios, años 1798 y 1799, en localidades como San Carlos y Carmelo, donde no llega a congeniar con los naturales de lugar. Justamente el año 1800 sufre un envenenamiento junto con otros compañeros, ocasionados por la ingestión de mezcal, ya descompuesto, que había permanecido un tiempo en recipientes de cobre, revestidos interiormente con latón, materiales proclives a la formación de óxido cuproso. Fray Francisco Pujol muere entre dolorosísimas convulsiones y espasmos; la robustez de fray Baltasar le ayuda a salir dificultosamente con bien, y se salva in extremis. Regresa a al Colegio de San Fernando en 1808, donde continúa su labor hasta 1820, fecha en que, con cincuenta ajetreados años a sus espaldas, da en regresar a su maltrecha y todavía no recuperada España de Fernando VII, donde se pierden los últimos pasos de su vida. |