Mensula de la Iglesia de San Francisco

22013

“En 1112, el papa Pascual II asimila el Hospital de S, Juan de Jerusalén a una orden religiosa y le exime del pago del diezmo sobre sus tierras. En 1115, esta exención es combinada con el derecho de adquirir y recibir diezmos sobre las tierras de otro.
Por esta fecha, los hermanos de S. Juan habían abandonado ya su primitiva regla para seguir la de los canónigos de S. Agustín, más adaptable a su función hospitalaria. Los miembros de esta Orden, de reclutamiento sobre todo nobiliario, se llamaban “humildes servidores de los pobres” y practicaban una caridad a la escala de sus inmensos dominios. Así, hacia finales del s. XII, pueden poner un millar de camas a disposición de los enfermos en la ciudad de Jerusalén, lo que es comparable a los grandes hospitales modernos.

En 1245, S. Juan de Acre era el último refugio que quedaba de los Hospitalarios en Tierra Santa. Cuando en 1249, el rey S. Luis de Francia desembarca en Damieta, los Caballeros lo apoyan en sus empresas. Pero en 1291, Acre -aunque bien defendida por los caballeros- cede ante el asedio de los musulmanes.

Después de la toma de S. Juan de Acre por el sultán mameluco del Cairo Al Malik Al-Ashraf Kalil, el 18 de mayo de 1291, los supervivientes de las Órdenes Militares se refugian en Chipre e intentan hacer frente a una nueva situación, y habiendo perdido totalmente Tierra Santa, están condenados a volver sus armas hacia otros campos de batalla. Los hospitalarios de S. Juan, después de 1291 y tras una corta estancia en Chipre (1291 - 1307), donde las relaciones con el rey Enrique II de Lusignan son cada vez más tensas, deciden conquistar Rodas e instalarse allí antes de volver a tomar el camino de Tierra Santa. Esta decisión hace de Rodas y del Dodecaneso un estado original hacia el cual convergen, durante más de dos siglos, las fuerzas vivas de toda Europa.

La conquista de Rodas tuvo lugar en 1307. Desde entonces se suceden los Grandes Maestros de la Orden en esta ciudad, hasta el número de 18, entre ellos, tres españoles.

JUAN FERNÁNDEZ DE HEREDIA (1377 - 1396)

Éste fue el primero de los grandes maestros españoles. Después de haber sido un Gran Señor español, viudo dos veces y padre de 4 hijos, Juan Fernández de Heredia entró en la Orden de S. Juan, donde hizo una carrera notable, residiendo mucho tiempo en Avignon junto al Papa, y llegando a ser uno de sus más confidentes, con los títulos pontificios de Capitán General de Avignon y del condado veneciano. Su ambición y su sentido de la intriga le permitieron eliminar un gran número de sus rivales y reemplazarlos por sus propios partidarios o parientes, tejiendo una red de influencias cada vez más fuerte. Poco se sabe de su juventud y educación. Serrano Sanz supone que debió de recibir formación privada, como era común en la época.

Sepulcro del maestro Juan Fernández de Heredia en Caspe (Zaragoza)

Los documentos conocidos lo presentan muy pronto relacionado con los caballeros hospitalarios de la Orden de S. Juan de Jerusalén, ocupada en la defensa del Asia Menor y la recuperación de los Santos Lugares. Su ascendencia en el Hospital fue rápida y segura. Su influencia en la corte aragonesa, poderosa. Pero las complicaciones no tardaron en surgir. En la corte aragonesa su intervención era decisiva, brillante e imprescindible. La posición de Heredia era tan preponderante que en 1371 se excusó ante Pedro IV para servir al Papa y en 1376 no sólo fue el encargado de dirigir la flota que condujo a Gregorio XI de Marsella a Roma, sino el portaestandarte papal en su retorno a la Ciudad Eterna.

A la muerte de Robert de Juilly, su antecesor, Heredia era desde hacía tiempo, dueño del castillo de Amposta y su elección al Gran Magisterio no parece haber tenido problemas, siendo un partido tan potente. Estando en camino para incorporarse a Roma, participó en una escuadra veneciana en la toma de Patras sobre los turcos, luego marchó sobre Corinto y avanzó hacia el Epiro. Fue capturado y conducido hacia Albania, de donde no fue liberado hasta 1379, a cambio de un rescate pagado en parte con el azúcar de Rodas.

Durante esta cautividad cambió su carácter, porque el Gran Maestre rehuyó que la Orden pagara sola su rescate y exigió el importe a toda su familia. A partir de este período, Heredia, sin dejar de ser lo suntuoso que era, se consagró en primer lugar al servicio del Hospital. Además de su actividad de constructor y de organizador, se señaló por su amor a las letras. La complicación de la vida de los emperadores de Bizancio, la continuación del “Livre des Faits de la Principauté de Morée” y la traducción [al aragonés] de varias obras griegas, fueron ejecutadas por mandato suyo. Su rica biblioteca contenía obras de Tucídides, Homero, Justino, Plutarco, Virgilio, Zonaras, Nicetas, Choniates, etc.

En el gran cisma de Occidente, que oponía a los papas Clemente VII y Urbano VI desde 1378, Heredia escogió el partido del aviñés Clemente VII, seguido por una gran parte de los Caballeros. Un anti-Gran Maestre, el prior de Capua Ricardo Carcciolo, fue nombrado por Urbano VI en 1383 y reconocido por las lenguas de Italia y de Inglaterra, lo mismo que en los grandes Prioratos de Bohemia y Aquitania.

El gran cisma dividía la Orden en dos partes rivales y la guerra de los 100 años oponía a los Caballeros de S. Juan que servían en los ejércitos beligerantes. El Gran Maestre Heredia volvió a Europa donde intentó recobrar el poder de la Orden del Hospital en Occidente, continuando dirigiendo los negocios de Rodas. Fue General de galeras en 1376. Juan Fernández de Heredia murió en Avignon en marzo de 1396, apenas algunos meses después del anti-Gran Maestre Ricardo Caracciolo. Su cuerpo fue inhumado en la Iglesia de Sta. María Mayor del Pilar en Caspe (Zaragoza), en el mausoleo que él había hecho preparar. Su suntuosa tumba de alabastro estaba decorada de estatuas de “llorones”, de ángeles y de leones, rodeando y sosteniendo su féretro. En la Guerra Civil, fue destruido por los rojos. Ahora no hay nada, como pudimos comprobar hace unos años, cuando lo visitamos.

Su escudo de armas está formado por siete castillos de oro sobre fondo rojo, con la siguiente formación: 1,2,3,1. Como cosa curiosa, en una capilla de Cabanellas, cerca de Rivadavia, que era una Commendaría de los Caballeros de S. Juan, se encuentra la rosa dentro de la estrella de David en la piedra del dintel de la puerta. Fernando Martínez de Heredia era comendador de Rivadavia y pariente del Gran Maestre de Rodas. Pudiera ser una capilla de los Caballeros, pero ni en el museo, ni en ninguna otra parte de Rodas se ha encontrado semejante distintivo.

[...]La figura de Juan de Heredia quedaría incompleta sin la faceta de su personalidad literaria. Sorprende ver que, en medio de tantos viajes y actividades tuviera tiempo para realizar una labor cultural tan extensa y acumular una biblioteca tan nutrida. El erudito italiano Salutati solía decir que la biblioteca de Heredia tenía todos los libros que uno podía desear. Aunque algunos críticos tienden a rebajar el interés del Gran Maestre por la cultura griega clásica, alegando que no responde a un concepto renacentista. Heredia fue el primero en traducir a una lengua romance las Vidas paralelas de Plutarco y otros libros griegos y contribuyó, sin lugar a dudas, al ambiente humanista de la corte aragonesa de Pedro IV, Juan I y Martín el Humano. Para esta labor tuvo a su servicio no a uno sino a varios traductores griegos. Desde que fijó su residencia en Avignon, Heredia se transformó en un gran magnate rodeado de estudiosos en correspondencia con los personajes más eminentes de su época. Sus relaciones literarias incluyeron Papas, obispos, reyes, eruditos y poetas”.

Nota. Juan Fernández de Heredia es oriundo de Munébrega (Calatayud), tío de D. García Fernández de Heredia, arzobispo de Zaragoza, con casas en Teruel, donde edifica la Iglesia de San Francisco de Teruel.

(P. Agripino Cabezón, ofm., Revista Tierra Santa, pp. 206-209, Jerusalén, 2005)