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18735 |
(Pequeña disgresión)A san Francisco se le honra como patrón de los amantes de la ecología. El cariñoso respeto que inspiraba a Francisco la espléndida grandeza de la obra natural de Dios, le llevaba a considerarse al par de todas las demás criaturas, sobre todo las vivas y animadas, por más próximas, motivo por el que se acercaba a ellas con amoroso tiento y las llamaba hermanas: la hermana tórtola, el hermano lobo, la hermana cigarra, el hermano ruiseñor, el hermana búho. Uno piensa, entonces, qué clase de animales de los que compusieron la rica variedad de estas tierras aragonesas, hubieran llamado a las puertas de su atención y hubieran merecido de él el distinguido y amoroso epíteto de hermano, por los años en que las sandalias de nuestros santos estrenaban el polvo de los caminos turolenses. Existía, cómo no, el agresivo jabalí de siempre presidiendo la gruñona piara rayada de sus jabatos, existía el ciervo, y existe felizmente aún, omnipresente en toda la geografía española, el venado, coronado como de un penacho de enigmáticas raíces, tan codiciado siempre por el paladar del cazador y el coleccionista de trofeos, la liebre que se temía interminable, el ágil conejo de nuestros campos, presente en todas partes, es de suponer que también el lince, taimado y sigiloso, con el pincel hirsuto de sus orejas apuntadas, su hermano el gato montés, el lagarto variopinto y estilizado, la ardilla inquieta, atrevida y juguetona, y excepcionalmente en estas tierras ásperas, un asno salvaje, una variedad de onagro del que no tenemos descripción alguna, desgraciadamente desaparecido por la desmesurada ambición y el fragor apasionado de la caza inmisericorde, el encebro, el hermano encebro. Quede aquí la memoria de su desaparición, la triste evidencia de su ausencia irremediable.
Los santos Mártires de Teruel. Óleo. Convento san Francisco
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