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22015 |
Resumimos aquí una parte de la conferencia que fray Benjamín Agulló, cronista de la Provincia de Valencia, Aragón e islas Baleares, pronunció en la Iglesia Catedral de Teruel, con motivo del 750 aniversario del martirio de nuestros santos, en 1978. En 1517, el papa León X decreta la separación de observantes y conventuales. En nuestro convento, los observantes ya se habían trasladado al Convento de San Salvador (¿San Francisco?)de Daroca y la cambio os conventuales de Daroca se vienen al de Teruel, en 1509, ejemplo que siguen otros conventos, en pro de la paz y concordia entre unos y otros. Regresan los observantes a San Francisco de Teruel en 1567, fecha en que Felipe II decreta la expulsión de los conventuales. El primer guardián observante es el P. Juan Asa, que tuvo que pechar con la situación de extremo despojo a que había sido sometido el convento antes de su abandono por sus anteriores moradores. En cuanto a la iglesia, cubre los ventanales con láminas de alabastro, según costumbre habitual en el momento y pone cerca de piedra al huerto mayor. Fray Antonio de Madrid es el tercer guardián, que prosigue la labor de recuperación de la iglesia reparando los tejados más necesitados más deteriorados, y pone la efigie de los Mártires en la reja del presbiterio.. Acaba su guardianato con el capítulo de Calatayud, en 1576. El P. Lamberto de Esprés, en sexto lugar, rige el convento desde 1580 a 1584; erige el campanario de piedra que queda a un lado del ábside de la iglesia. Repara los tejados, renovando por entero los de las capillas, dado el mal estado de tejas y maderas. El P. Agustín ocupa el cargo de la guardianía en 1586, en octavo lugar, y continúa hasta 1588. A él se debe la campana mayor, que bautiza el Sr. obispo, D. Jaime Ximeno, en cuyo honor se la bautizó con el nombre de Jaima. Al decimotercero guardián, fray Antonio Gil, 1599, se deben el tabernáculo del Santísimo, un relicario de san Diego y una imagen de san Francisco, con su pena, para las procesiones de la Tercera Orden. En 1749, entre otras cosas, se le dota a la iglesia de cornisas y se la pinta, se vuelve a dorar el retablo barroco del altar mayor, -que había sido realizado por el artífice turolense Jerónimo Corví, como se describe en otro lugar de esta página wed, en 1688-, para lo que se emplean setenta mil paneles de oro y se hacen de nuevo las molduras y media caña, al tiempo que se ponen florones en la bóveda. Era guardián fray Diego Romero. Quiere decirse que, en contra de lo que se ha escrito, en lo que toca a la conversión de la iglesia de estilo gótico al barroco, es ahora cuando se completa la labor comenzada en mil seiscientos y pico, fecha en que se instaura el retablo. Pero aún queda por consignar la obra del guardián fray Carlos Domínguez, consistente en elevar el nivel del piso de la iglesia un palmo, hasta igualarlo con los de las capillas laterales, con lo que iglesia evitó en buena parte la humedad que venía aquejándola, al tiempo que adquiría mejor aspecto.
Las vidrieras de la iglesia de San Francisco dejan entrar abundante luz.
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