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Desde siempre, la iniciación en la cultura, como elemento básico de la propia realización, fue preocupación preeminente en la historia franciscana, en general, y de los religiosos de este convento, de especial manera. Franciscanos y dominicos llevan a cabo la popularización de la cultura medieval, en una época en que los estudios tenían lugar en los monasterios, para nobles y futuros sacerdotes o en las catedrales donde las había. Sabemos que ya nuestros mismos mártires, en un momento de despegue de la industria familiar y el comercio, muy activo entre Teruel y el reino moro de Valencia en los siglos XII y XIII, cedieron a las urgencias de la burguesía local de preparar convenientemente a sus hijos en la enseñanza básica, de modo que, entre otras actividades que les ocuparon, cuidaron la educación y formación elemental de los niños, un quehacer que nunca se abandonó ya entre las actividades ordinarias de nuestros hermanos. Ocurre incluso que, en época moderna, al momento de tener que abandonar el convento forzados por la arbitrariedad desamortizadora, los religiosos se esforzaron por evitar que se interrumpiera la labor de enseñanza en la provincia, dirigida y costeada desde este convento, alegando que de otro modo, concluiría una inestimable labor de promoción de la enseñanza en la provincia, sobre todo de aquellos niños especialmente dotados para el estudio, becados por los religiosos a este fin en caso de pobreza. En este contexto, nos ha parecido interesante traer a esta página lo que fray Benjamín Agulló, cronista de la Provincia Franciscana de Valencia, Aragón y Baleares, dejó escrito con motivo del 750 Aniversario del Martirio de nuestros mártires, Valencia - Teruel 1987, pp. 74 y ss. “Hemos insinuado, como una de las causas del auge del culto de la Iglesia de San Francisco de Teruel, el hecho de que el convento fuera, por algún tiempo, Casa de Formación o de Estudios de los religiosos de la Provincia Franciscana de Aragón. Esto supone una comunidad floreciente y disciplinadamente observante de la vida regular. En efecto. Ya el sexto guardián de la Observancia, P. Lamberto “Despes” (sic), que fue elegido en el Capítulo Provincial celebrado en Zaragoza el año 1580, “procuró de traer curso a este Convento y lo trajo que fue el primero que en tiempo de la Observancia se ha leído en él” (Libro de las cosas memorables, folio 37 r.). Este texto nos hace ver la importancia que para una casa el tener “Curso”, cuando el guardián se esforzó por conseguirlo y lo consiguió, consignándolo así, con estos detalles el cronista.. “Curso” quiere decir Curso de Estudiantes de Artes, de Teología, de Moral, etc. Solían estar los estudiantes repartidos por los conventos, según la disciplina que les correspondía estudiar. El año 1592, el P. Martín Doyzar, décimo guardián de la Observancia, entre otras obras importantes del convento y huerto, hizo la Librería, aumentándola “en más de treinta cuerpos de Libros” (Ibidem, fol. 40 r. y v.). No sabemos qué se entendería en 1592 por “cuerpos de libros”. Queremos suponer que serían departamentos o estantes. Tampoco dice de qué dimensiones eran, ni qué tamaño tenían, de todas formas, pensamos que “treinta cuerpos de libros” era importante en aquel momento, como para que lo reseñe el cronista, si tenemos en cuenta, además, que la imprenta no hace mucho más de un siglo que se ha inventado. Denota esto, pues, un gran afán de cultura, procurando tener una biblioteca adecuada para la formación de los religiosos estudiantes. En los folios 90 r al 92 v, tenemos la “Memoria de la ropa que hay en las celdas de los Moradores”. Es una relación curiosa, firmado ordinariamente por el propio interesado, en la que se hace el inventario de lo que tiene cada celda, que en casi todo se repite igual: cama, jergón, dos mantas, dos bultos y dos sillas. De esta memoria se puede sacar la relación exacta de los religiosos que componen la comunidad del Convento de San Francisco de Teruel, el 3 de Marzo de 1679, fecha en que lo firman el guardián, los discretos, con los nombres y apellidos de los que 13 son sacerdotes (uno de ellos estudiante), 12 son clérigos estudiantes (uno de ellos ya sacerdote), 4 hermanos y 2 donados. El responsable o “Maestro de Jóvenes” es el P. Gaspar Romero. El profesor de o Lector de Artes es el P. Ignacio García. Sabemos, pues, que el Curso que se daba en esta fecha, en Teruel, era el de Artes. En otro manuscrito que tenemos fotocopiado, de 1723, titulado “Nova el Vétera S. Provinciae Aragoniae Regularis Observantiae...”, escrito por el P. Felipe Valles Assensio, con ocasión del Capítulo General, en el que se hace relación de las casas y otras cosas interesantísimas de la Provincia Franciscana, al hablar del Convento de San Francisco de Teruel, al final, dice: “havitatur (sic) hoc Coenobium a 29 Seraphicis Minoribus, die noctuque divinas laudes Domino Deo sonoribus vocibus, et ferventissimo spiritu modulantibus. Hic Sobtilissimum Phylosoficum Liberalium Artium Atheneum, Liceumque multis ab hinc annis floruit, pollet, et viget” (Ibidem 96). En traducción castellana, un tanto libre, viene a decir: Este convento está habitado por 29 religiosos, que de día y de noche cantan las alabanzas de Dios, con voces sonoras y fervorosísimo espíritu. Aquí floreció, desde hace muchos años, y vige, con gran eficacia, un sutilísimo Ateneo y Liceo Filosófico de Artes Liberales. Tenemos, pues, tres fechas claves que nos hablan del Convento de San Francisco de Teruel, como Casa de Estudios de la Provincia de Aragón: 1580, 1679 y 1723. Aunque entre la primera y la segunda fecha median noventa y nueve años, y entre la segunda y la la tercera cuarenta y cuatro, tenemos un espacio de tiempo de 143 años en que podemos presumir que el convento de Teruel ha sido, sin interrupción, Casa de Estudios, y nos da pie para pensar que lo siguió siendo, tal vez hasta la Exclaustración de 1835, aunque no tengamos datos, a mano, que lo ratifiquen.” Nota
Nervios de la bóveda de
la iglesia de San Francisco donde se
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