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Si hubiera que estructurar la historia de los franciscanos en Teruel, por lo que se refiere a los avatares sufridos por los moradores del convento der San Francisco, la primera época daría comienzo con la llegada a esta ciudad de nuestros fundadores Juan y Pedro, que antes de marchar a misionar entre musulmanes, dejan ya establecida la primera comunidad de frailes menores, como gustaba de llamarnos san Francisco. Separados en 1417 conventuales y observantes, hay una segunda época que da comienzo con el decreto de extinción de los conventuales de Felipe II en 1567, lo que propicia la venida otra vez de los observantes, que desarrollarían su labor ministerial y cultural a este convento inicial, hasta los años de la desamortización de Mendizábal, en 1835. La tercera época ha de salvar un largo interregno de cuarenta
años, hasta que en 1901 comienzan los trámites y estancia
provisional en el palacio del obispo para la adquisición del antiguo
convento, destartalado por el desinterés y la incuria, mediante
permuta con un edificio nuevo construido a este fin en La Nevera, de estilo
modernista, hoy espléndido Archivo Municipal. Tomamos de Jaime Caruana la reseña que él hace de esos difíciles momentos: “En este siglo es Alcañiz la que destaca con la aureola del saber, de la serenidad y mesura y de justicia y equidad[...]. Alcañiz brilla por esta causa con resplandores inigualables en el siglo. Los nombres de don Domingo de Ram y Lanaja, el alcañizano obispo de Huesca y Jaca, cardenal y virrey de Sicilia y del venerable Francés de Aranda, el turolense donado de Portacoeli, junto con el de don Gil Sánchez Muñoz, el otro turolense que dio fin al cisma de Occidente, oscurecen a todos los otros nombres que en este siglo destacan en nuestra provincia, pues aquellos tuvieron en sus manos los más altos destinos del país y de la Historia de la Iglesia. Otras personas hubo, sin embargo, que alcanzaron preeminencias importantes, y debemos citar a don Juan Fernández de Híjar y Cabrera, señor de Híjar y natural de la misma villa, que fue mayordomo de Juan II; don Juan Fernández de Híjar y Centellas, como el anterior señor y natural de la misma villa, llamado el Orador, virrey de Nápoles; don Juna Navarro de Espejo, de Teruel, canciller de Fernando II; don Gonzalo Fernández de Heredia, de Mora, obispo de Barcelona, arzobispo de Tarragona y embajador; don Juan Fernández de Heredia, el señor de Mora; y micer Camañas, secretario de Fernando II, etc.” Además de nuestra iglesia, monumento gótico excepcional en Teruel, que se concluye a primeros de este siglo, y poco más, en Alcañiz el gótico deja monumentos de excepción. “De la arquitectura gótica del siglo XV quedan restos abundantes en Alcañiz, y muy notables, mereciendo citarse la parte gótica de la monumental plaza, la casa de los Ardid, etc., mientras en Teruel, la Casa del Judío, con su célebre artesonado, ha desaparecido ya por completo. En Mora, la soberbia iglesia fue en este siglo continuada y elevada a la categoría de Colegiata, en 1454. En pintura debemos citar como figura relevante en nuestra provincia al anónimo pintor conocido con el nombre del Maestro de Alcañiz, cuyos hermosas tablas se hallan en la iglesia de aquella ciudad. En rejería debemos mencionar al rejero Cañamache, que en 1492 construyó las artísticas rejas que hoy se hallan restauradas en el coro de la Catedral de Teruel[...] El país se despuebla de modo lamentable. Contribuyeron a ello la Inquisición, la peste y las luchas intestinas de bandos, siempre enconados, sin cejar en tan suicidas enemistades, a pesar de que originaban tremendos castigos y de que por ellas se iban perdiendo las libertades del país. También las luchas con las aldeas por el poder civil y criminal. Las quejas de los turolenses y albarracinenses ante las Cortes son en gran parte verdaderas peticiones de socorro, infructuosas e inútiles, y el acatamiento ante el poder real engrandecido adquiere tonos plañideros en muchas ocasiones. El Concejo de Teruel hacía frente a sus necesidades mediante la obtención de préstamos de una poderosa familia los Nazarín, que frecuentemente ceden grandes sumas con interesas que en nada beneficiaban al Concejo y contribuían a la decadencia. Algunas villas, en cambio, se engrandecieron, como Híjar, elevada a ducado en 1485, y Mora, elevada a su vez a marquesado en 1494.” (Historia de la ciudad de Teruel, Teruel 1956, pp.117-110)
Fachada principal de la iglesia de San Francisco
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