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Jaime Caruana, Historia de la Ciudad de Teruel, Teruel 1856, p. 96)

En 1342 se terminó de construir la torre de San Juan de Teruel, hoy desaparecida, y a los finales del siglo, merced al mecenazgo del arzobispo de Zaragoza don García de Heredia, se construye en Teruel el magnífico convento de los Franciscanos 1392 [arruinado lastimosamente durante la desamortización y sustituido en 1903, cinco siglos después, por otro menos monumental], siendo sus maestros Conrat Rey y Gonzalo de Vilbo.

Igualmente la iglesia, hoy Colegiata, de Mora de Rubielos, y en Alcañiz el Convento de Dominicos, que luego fue alhóndiga, mandado construir por el Infante don Juan, hijo de Pedro IV de Aragón, en 1383. Quedan también de este siglo las bellísimas portadas góticas de las iglesias de Valderrobles, Molinos, etc.

Nota

En los documentos del archivo de la Catedral del Concejo, al convento de San Francisco no se le llama tal, sino monasterio, lo que habla muy claro de su monumentalidad y grandeza, a la manera como al claustro antiguo de la catedral no se le llama así, sino claustra, que es un neutro plural referido igualmente a su magnificencia, como se dice olma al olmo centenario de la plaza de los pueblos, leyenda, todo lo que hay que leer, agenda, las cosas que hay que hacer o trabajar, merienda, lo que hay que merecer en la jornada de trabajo, etc.

Puerta lateral de la iglesia de San Francisco