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Vicente Martínez Colomer, Historia de la Provincia Franciscana de Valencia, página 1 ss..

...”después de haber obtenido de Inocencio III segunda aprobación y confirmación de su Regla, en el Concilio Lateranense IV, juntó a todos sus frailes en el convento de Porciúncula el año 1216, y les hizo una breve exhortación para que fuesen a predicar por todo el orbe la pura y sana doctrina del Evangelio. La dulce eficacia de sus palabras, la sublime sencillez de sus expresiones, la fuerza y calor de su discurso, nacido, no de una reflexión fría y mesurada, sino de u corazón consumido de celo por la salvación de las almas, inspiraron tan profundos y vivos sentimientos a los religiosos, que no pudiendo ya contenerlos en el pecho, se postraron en tierra, le pudieron la bendición, diéronle afectuosamente sus brazos, y se apresuraron para cumplir con su destino.

Calle de los Mártires. Con un retablo cerámico se señala la casa donde habitaron los Mártires mientras se construía su pequeño convento

Fray Bernardo de Quintaval, el primogénito de S. Francisco, el más querido entre todos sus hijos por su virtud, su afabilidad y demás prendas que le adornaban, fue destinado para caudillo de la misión de España. Dioles el Seráfico Padre por auxiliares a Fr. Bernardo de Hamanalis, Fr. Bernardo de Moraira, Fr. Zacarías Romano, Fr. Clemente Foscano, Fr. Benicasa Tudertino, Fr. Gualterio, Fr. Juan de Perusa, Fr. Pedro de Saxoferrato, y otros muchos cuyos nombres nos son del todo desconocidos. Sin más equipaje que un hábito grosero y una ruda cuerda, confiados solamente en la protección de Dios, comenzaron estos varones apostólicos su viaje.

Luego que pasaron los Alpes, les manifestó Fr. Bernardo de Quintaval los proyectos que tenía formados, les dio las instrucciones más oportunas, les previno con sagacidad las contingencias, les presentó los estorbos que se les suscitarían, y después de haberles recomendado la mansedumbre, la suavidad, la dulzura y la paciencia como únicas armas con las que debían hacer sus conquistas, les destinó a distintos reinos. A Portugal fueron enviados Fr. Zacarías y Fr. Gualterio; al principado de Cataluña no se sabe cuál de los dos Bernardos si el de Hamanlis o el de Moraira; los reinos de Toledo, de León y otras partes de Castilla, se los reservó Fr. Quintaval para sí y para otros de su mayor confianza; y a Juan de Perusa con Pedro de Saxoferrato les señaló para el reino de Aragón.

Hecho este repartimiento, tomó cada uno el rumbo que le había tocado en suerte, y Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, cuyos pasos nos importa seguir únicamente, después de haber estado en Barcelona y asistido a la fundación de la ciudad de Lérida, se dirigieron hacia el reuno de Aragón, que era el principal objeto de su destino. Llegaron a Teruel y viendo la grata acogida que les dieron, la buena disposición de ambos Cabildos, expusieron con religiosa timidez el proyecto de fundación. Sin dificultad lograron el éxito más feliz. Condescendieron todos unánimes a tan justos designios y les dieron licencia para fundar en una pequeña ermita dedicada al apóstol S. Bartolomé, que por estar retirada del bullicio de la ciudad, le había parecido ya de antemano a nuestros religiosos más proporcionada para sus santos ejercicios. Tomaron posesión de ella el año 1217 con singular contento, y formando desde luego su plan de vida, dieron principio a sus espirituales conquistas”.

Nota

Martínez Colomer cita los mismos nombres y en el mismo orden que antes, en su historia de los franciscanos de Aragón enumerara el P. Hebrera, como quien lo sigue o consulta el mismo documento, bien que no al pie de la letra: cambia el apellido de alguno y omite el de Félix, que funda el convento de Lérida junto con uno de los dos Bernardos, en presencia de nuestros dos Mártires.

Vicente Martínez Colomer nace en Benisa (Alicante) el año de 1763, de familia probablemente acomodada. Profesa como religiosos franciscano y consta como morador de sucesivos conventos, como San Francisco, en Valencia, el Convento de Santa María de Jesús, extramuros de la ciudad, quizá también en el de San Diego, en Alfara del Patriarca (Valencia). Se acredita como escritor y alcanza notoriedad tanto en el género épico, con novelas que él considera morales, como con la expresión poética. Hombre erudito y curioso, fue cronista de la Provincia franciscana de Valencia. Muere muy achacoso, en Valencia, en el año1820.