18737

Giovanni Miccoli, Francisco de Asís, Oñate (Guipúzcoa 1994)

Nota introductoria.

San Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato son los dos primeros franciscanos que fundan una fraternidad franciscana en Teruel. ¿Qué se entendía por fraternidad en aquel momento histórico? Responde Miccoli Giovanni:

Meersseman, acerca de las cofraternidades medievales desarrolla y articula ampliamente una indicación,[...] acerca de la característica de la fraternidad penitencial que tiene el grupo formado por Francisco y sus primeros compañeros: “con el mero paso del tiempo se habría realizado la transformación de la fraternidad de estos penitentes en orden de los hermanos menores” (Meerssenman, Ordo Fraternitatis, 3 vol. Roma 1977, p.357).

Los vestigios de esta realidad institucional -que corresponde a aquellas formas asociativas, continuistas en formas variadas por hombres y mujeres, laicos y clérigos, que se reunían por motivos religiosos o profanos y que estaban tan difundidas en los siglos medievales- vuelven a aparecer realmente en algunas escasas indicaciones de las fuentes; es verdad que éstas han perdido su recuerdo, pero, no obstante, dejan constancia de algunos modos de ser, de algunos comportamientos que remiten a esa realidad institucional y que sólo en ésta encuentran sus lugar adecuado: no sólo la perioricidad y las modalidades de los capítulos (el uso de ir añadiendo poco a poco nuevas prescripciones y puntualizaciones a sus estatutos es lo típico de la práctica organizativa e institucional de las confraternidades), sino también los testimonios puntuales del Anónimo de Perusa 19c, y de la Leyenda de los tres compañeros 37, que, a propósito de las primeras correrías apostólicas, destacan la respuesta de los hermanos a las preguntas que les hacían acerca de su origen y de la orden a la que pertenecían: somos “varones penitentes oriundos de la ciudad de Asís”, y la cometan significativamente”pues su religión todavía no se llamaba Orden”; o todavía el recuerdo de comportamientos, que de otra forma resultan incomprensibles, como el de la elección de u jefe por parte del grupo que se dirige a Roma.

Y esta realidad primitiva queda además atestiguada por la misma insistencia de Francisco en la caracterización de su grupo como fraternidad. De hecho, en el lenguaje del tiempo, fraternidad no es nunca -ni se puede pensar que lo sea en Francisco- sinónimo de orden o de religio: hace referencia una realidad institucional bien distinta, percibida inmediatamente como tal por sus contemporáneos. Y, sin embargo, Francisco se cree en el deber de dar el nombre de fraternidad a la realidad del grupo reunido en torno a él nada menos que nueve veces; es una insistencia significativa, y su importancia queda subrayada por el hecho de la desaparición de este término en las fuentes sucesivas a excepción del pasaje de la Vida primera, en la que Tomás de Celano, relatando cómo Francisco había elegido el nombre de la nueva orden, le atribuye la conocida frase:”Quiero que esta fraternidad se llame orden de Hermanos menores” (1C 36.)