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Las reliquias de los santos mártires han ido pasando de una urna a otra, a lo largo del tiempo, ya por su envejecimiento o simple deterioro y mayor dignidad de las que sucesivamente se han ido incorporando al noble oficio de contener los sagrados restos.

*La primera, de alabastro, la hacen construir los mercaderes a quienes se encomienda traer a Teruel los restos de los mártires, desde su enterramiento la placita de la Higuera en Valencia.

*Perdido el lugar donde, durante años, permanecen ocultas para evitar la depredación constante de los huesos de los mártires, en 1481, se depositan en una nueva arqueta, con la que son trasladaos los restos sagrados al altar mayor, quedando bajo el sagrario, a modo de basamento,

*Esta arca cumple su cometido hasta 1537, fecha en que, a expensas del Barón D. Gaspar Sánchez Muñoz, Señor de la villa de Escriche, se hace labrar un arca donde se depositen con toda dignidad los restos sagrados de los santos fundadores.

Urna forjada por el artífice turolense Matías Abad, en 1917, que contiene las reliquias de nuestros mártires, en su altar de la iglesia de San Francisco

* !n 1616 se trasladab las reliquias a otra arca que hace confeccionar el Sr. Muñoz que guardó las reliquias, esta vez en la capilla del Cristo, y luego en la pared del presbiterio, en el lado del evangelio, sobre dos canecillos (canetes); y de ahí, se trasladan al huertecillo del claustro, a la capillita que los mártires tienen allí dedicada.

* En ese fecha de 1616, el P. Vicente Gómez, guardián y procurador ante la curia de Valencia para la presentación de la causa de canonización de nuestros santos, hace labrar un nuevo tabernáculo, en cuya base figuraban tres departamentos: uno al centro y dos a los lados, estos últimos para cobijar las reliquias.

* En 1628, fecha en que el Sr. Obispo, D. Tomás Cortés coloca en el altar un gran cuadro en conmemoración de la curación prodigiosa de su sobrino, D. Faustino Cortés y Sangüesa, Señor de la villa de Torres Secas, natural de Huesca y residente en Teruel, se habla de otros relicarios, uno en una hornacina que quedaba al lado del evangelio y otro en el lado opuesto, donde se guardan reliquias de ambos mártires, por separado, junto con dos brazos provistos de una ventanita de cristal por donde se podían contemplar unas reliquias de los santos, aptas para ser llevados por las casas a los enfermos.

* En 1625 se labran dos urnas de cristal, a cuenta de D. Diego Andrés Sánchez de Cutanda y Martín, caballero de la orden de Santiago y baile general de la comunidad de Teruel. Una de ellas, más pequeña, de cristal, en cuya estructura de madera dorada es la que aún se conserva con las reliquias de los mártires; la otra, destinada a contener la pequeña, es de madera cubierta de terciopelo carmesí, con galones de oro y muy bien tachonada, forrada interiormente con tela carmesí. Dispone de cuatro cerraduras doradas. En ella se contuvo el arca menor de las reliquias hasta 1917, en que vuelve a fabricarse otra también de madera, con pinturas al oleo añadidas en fecha posterior.

Arca de los Santos mártires de 1690

Arca de 1690 que servía para llevar por las casas, reliquias de los Santos a los enfermos.

Está decorada con una imagen de los Santos Mártires junto al pozo del convento.

Arriba se ven las cinco llagas de Cristo, escudo de los franciscanos de Tierra Santa.

 

*Antes de esta última fecha, concretamente en 1835, suprimidas las órdenes religiosas por el decreto de desamortizador de Mendizábal, dicha urna con las reliquias dentro ,se habían trasladado al convento de las hermanas clarisas de Teruel, donde permanece hasta la rehabilitación de San Francisco, en 1903, fecha en que, reconstruidos convento e iglesia, vuelven los religiosos a habitar sus celdas.
* En 1917, con motivo de la celebración del séptimo centenario de la llegada de nuestros mártires a Teruel, la pequeña urna de cristal, obra de D. Diego Andrés -que lleva sus armas pintadas en su interior-, se extrae de la mayor que la contenía para colocarla en en una nueva urna de hierro forjado y cristal, obra de un artífice turolense, con seis llaves.