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Datos históricos sobre los santos mártires

Al momento de proceder a declarar santos anuestros mártires, la Orden recoge cuantos datos aclaren la santidad y antigüedad con que se les venía venerando ya como santos por el pueblo, desde los días de su martirio.

Existen dos relaciones de hechos y milagros a ellos atribuidos, que son, por eso mismo y su antigüedad, una fuente documental de primer orden, al momento de fundamentar cuanto sabemos de nuestros mártires.

Estos documentos son conocidos como Relación A, que es propiamente la positio, que defiende para la canonización de los santos el procurador franciscano fray Juan Pérez López y Relación B, que es respuesta a la primera. La relación A es de los años 1693-1697; la relación B, del año 1690.

Según los datos que fijan estos documentos, los mártires llegan a Teruel hacia el año 1220, por orden del último rey moro Abu Zeit, sin precisarlo con exactitud, y son degollados en la placita de la Higuera, de Valencia, en los años 1228-1229.

Resumimos aquí lo más relevante de su artículo.

RELACIÓN A

En la Relación A, o positio, testimonialmente datada para la canonización de nuestros mártires, escrita entre los años 1693-1697, se defiende la antigüedad de la condición de santos otorgada por el pueblo a los mártires de Teruel; y de la respuesta a la misma o Relación A, escrita con posterioridad a 1690, para la canonización de los santos mártires, que ejerce el P. Juan Pérez López, pueden entresacarse igualmente noticias históricas no menos interesantes, corroboradas por otros documentos, como la Historia de las cosas memorables de este convento.

  • En el artículo primero se indica: la fecha aproximada del envío de los dos santos a España, que sitúa en torno a 1220, sin precisar el año exacto; la intención de dicho envío, cual era predicar la fe católica; y la ejemplaridad de vida de que dieron fe.
  • En el segundo se marca, también de modo dubitativo, la fecha en que fueron decapitados en Valencia por Abu Zait, entre los años 1228 ó 1229, justamente en el día de la decapitación de Juan Bautista, en la placita de la Higuera.
  • El artículo tercero consigna la delicadeza con que los cristianos mozárabes de Valencia reciben y dan cuidadosa sepultura a nuestros santos, recogiendo hasta sus más mínimas pertenencias dos cucharas, una frasquito, ropa, etc.
  • Cuarto artículo: Jaime I, que tiene reducido a prisión a un número importante de nobles musulmanes [ derrotados y hechos presos por Blasco de Aragón en la toma de Morella, por orden del rey], aprovecha la ocasión que le brinda la propuesta de Abu Zeit de rescatar a sus caballeros, mediante el pago sustancioso de una suma de dinero, de permutar ese dinero por la devolución de los restos de nuestros mártires. Los restos los transportan hasta Teruel un grupo de mercaderes, y en procesión después, el mismo rey se arroga el honor de deponerlos en la ermita fundacional de San Bartolomé.
  • Quinto. Convertido a la fe el Rey Azoto, con el nombre de Vicente, ofrece su propio palacio para que los franciscanos puedan erigir un convento, dentro de cuyos límites, según algunos, queda enclavado el lugar donde fueron degollados Juan y Pedro, por lo que se alzó en él una capillita conmemorativa. [¿Era suyo el puñal que debió de servir de funda en forma de puñal curvo que figura con los restos de los mártires? ¿Cómo llega la urna? ¿Qué se ha hecho del puñal?]
  • Sexto. La creciente veneración de los mártires obliga a edificar una iglesia más capaz y un convento de notables dimensiones. Los restos se trasladan entonces desde su urna de alabastro a la capilla conocida por la del Cristo, si bien, con el tiempo, se llegó a perder el sitio donde quedaban ocultos hasta el año 1481.
  • Séptimo. Es esa fecha el padre maestro Vega, religioso conventual, descubre el lugar de ocultamiento de los restos sagrados en dicha capilla, que parecieron dentro de una urna dignamente pintada, en la que se leían los nombres de los dos santos: Ista sunt Sancti Martires Frater Joannes Sacerdos et Frter Petrus, laicus.
  • Octavo. Dicha arqueta, con los santos restos en su interior, se coloca sobre el altar, a su derecha. Parte de dichas reliquias, se colocarían después en otra arqueta, a mano izquierda, donde aún se veneraban en la fecha en que escribe el autor de la positio, el procurador de la causa de beatificación fray Juan Pérez López.
  • Noveno. Se confecciona otra arqueta menor para poder llevar por las casas, con comodidad, las reliquias a los enfermos
  • Décimo. A ambos lados del altar de tuvieron expuestos desde siempre, sendos brazos dorados, que a través de unas ventanas de cristal enmarcada en plata, permitan ver unas reliquias de los santos, cuyos nombres dorados aparecían en inscritos dichos brazos.
  • Undécimo. La Iglesia dispone de una cruz procesional que lleva inscritas también una reliquias de los santos, con sus nombres escritos en ella.
  • Duodécimo. En el altar mayor, en dos hornacinas se pidieran contemplar durante años unas tablas pintadas con las imágenes de los dos mártires, que portaban en la cabeza una corona martirial. Dichas imágenes, carcomidas con el tiempo, se deshicieron en polvo y fragmento mínimos de madera.
  • Décimo tercero. A ambos lados del altar, colocados sobre dos columnas, hubo dos imágenes que representaban a los mártires, Juan en el lado del evangelio y Pedro en el lado de la epístola. Se cree que fueron colocadas allí antes incluso del año 1481.
  • Décimo cuarto. Hubo igualmente, esculpidas en las dos puertas laterales del altar, dos antiquísimas imágenes de los mártires.
  • Décimo quinto. En el tabernáculo figuraban asimismo dos pequeñas imágenes muy antiguas.
  • Décimo sexto. Del mismo modo, en el presbiterio hubo dos imágenes que portaban los signos del martirio. Removidas de allí por razón de restaurar la iglesia, se las colocó en el lugar correspondiente a las dos antiguas celdas que habitaron los santos religiosos.
  • Décimo séptimo. Había también dos imágenes de los santos en la sacristía mostrando los signos del martirio.
  • Décimo octavo. En una tabla procedente de la ermita de San Bartolomé, figuraba pintada una composición, en la que nuestros santos aparecían haciendo una genuflexión ante el santo apóstol.
  • Décimo nono. En el año 1537, el ilustre barón D. Gaspar Sánchez Muñoz mando hacer un arca donde descansasen los restos de nuestros mártires, que primero se colocó en el altar del Cristo, y luego en el llamado indistintamente Oratorio o Iglesia de los Santos Mártires. El arca, además de las insignias familiares, figuraba un letrero que decía: Cuerpos de los santos mártires Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, discípulos de san Francisco y fundadores de este monasterio, y que luego, en Valencia, recibieron la corona del martirio.
  • Vigésimo. Hubo también una tabla antiquísima en la que aparecían pintados nuestros mártires, en la capilla llamada de los Reyes, según parece de la época en que los santos fueron trasladados a la Iglesia. En su lugar, el obispo Tomás Cortés dispuso colocar otra tabla conmemorativa de una favor recibido por un sobrino suyo, Faustino Cortés. Dicha tabla existía aún en tiempos del padre procurador.
  • Vigésimo primero. Figuran igualmente efigies muy antiguas de nuestros santos en la capilla de San Diego.
  • Vigésimo segundo. En la piedra del pozo que los santos abrieron en el patio del claustro, antiguo huerto que atendieron envida, figura una inscripción que dice :Pozo de San Juan y San Pedro.
  • Vigésimo tercero. En dicho huertecillo interclaustral hay una capilla donde figuran unas imágenes de los mártires en el momento de sufrir el martirio, atados a un ciprés.
  • Vigésimo cuarto. Existen varios sitios de la ciudad donde aparecen también efigies de nuestros mártires, con los signos que les acreditan como mártires venerados por la gente como santos.
  • Vigésimo quinto. Recuerda cómo, el año 1495, por mediación de nuestros mártires, sacadas sus reliquias en procesión por los campos de Teruel, con motivo de una plaga de langosta contra la que nada se podía hacer, el favor de su desaparición fue instantáneo y eficacísimo. En la procesión, desde la ciudad hasta cierto eremitorio distante de la misma, dedicado a san Cristóbal, participó todo el clero secular y regular. La sorpresa por tan gran prodigio fue tal, que a partir de dicho año, el 30 de julio se repetía anualmente dicha procesión, en memoria de los santos, con la asistencia del Capítulo y el clero.
  • Vigésimo sexto. Existe entre los religiosos del convento la costumbre inmemorial de interceder ante los santos, mediante el rezo de una antífona con versículo y oración, todos los días de la semana, después de maitines, vísperas y completas.
  • Vigésimo séptimo. De manera semejante, se suelen cantar misas, con participación del clero, en acción de gracias por los beneficios recibidos, a instancias de los beneficiados.
  • Vigésimo octavo. El día 29 de agosto, se celebra con toda solemnidad la fiesta de los mártires con el canto de una misa del común de mártires.
  • Trigésimo. El Padre maestro Vega, que había revelado el sitio donde se ocultaban las reliquias de los mártires, se lleva consigo una tibia para el convento de San Francisco de Valencia, el año 1481.
  • Trigésimo primero. Dice que se hallan muchas reliquias de los santos en lugares diversos de Valencia y de Aragón, además de en otras partes de España. En la iglesia del convento de Monlora, se hallan algunas reliquias, en una teca de plata, para ser llevada a los enfermos.
  • Trigésimo segundo. Consigna que en muchas ciudades, tanto de Valencia y Aragón como de otras partes de España, se veneran imágenes de nuestros santos, considerados como tales o como beatos.
  • Trigésimo tercero. Que se les venera como patronos de la Provincia de Aragón desde tiempo inmemorial.
  • Trigésimo cuarto. Más de lo mismo en cuanto el culto en todas partes.
  • Trigésimo quinto. Se les reza como tales en muchas partes.
  • Trigésimo sexto. Dicho culto ha estado siempre respaldado por los obispos.
  • Trigésimo séptimo. Los milagros que vienen haciendo en favor de sus devotos, hablan alto y claro de su santidad.
  • Trigésimo octavo. Los testimonios de tanta certeza son numerosos y constantes.
Imágenes de los Santos Mártires de una arqueta que se conserva en el museo de los Mártires.


RELACIÓN B

Esta otra relación anónima, en que se responde a la primera, igualmente articulada, pertenece a un alcalde de la ciudad de Teruel, hijo de Bartolomé Zivera y padre de un sacerdote, Pablo Zivera, doctor y protonotario de la Iglesia de San Juan, como se deduce de los artículos 13 y 27, como ya anotó el P. León Amorós. La relación queda mutilada a principio y fin, a partir del artículo 10.

Responde y corrobora los artículos de la Relación A, desde la propia experiencia de lo que cuenta o de informes directos de otros testigos, aduciendo en todo ello detalles que faltan en la relación del Procurador.

Artículo cuarto. Traslada el testimonio del prior del Capítulo, Cristóbal Alegría, que conoció la urna de las reliquias de los santos colocada sobre el púlpito del Oratorio o ermita primigenia.

Quinto. Sobre el contenido de l artículo 5º, cita un manuscrito sobre los mártires, conservado en el convento, escrito por el P. Tomás Silvestre, con el título Historia de las cosas memorables acerca de los Hermanos menores de San Francisco del Reino de Valencia. y la Crónica de San Antonio de Florencia, de 1586, París, tercera parte.

Sexto. Identifica la capilla del Cristo con la segunda del lado del evangelio, que en esa fechas se correspondía con la de la Purísima Concepción, donde se veneraron las santas reliquias hasta 1481, fecha en que fueron ocultas en dicha capilla, aunque con el tiempo, también halladas allí mismo, nam in aedem capella, in mediaetate altaris, quodam foramen ocultum a quo sublatum fuit lapis, ex quibus et componitur ecclesia et capella, reperitur, etsi modo (y si) effigies Christi quae venerabatur in praedicta capella, a qua nomen accepit Christi, nunc extaret, ad ángulum pedum crucis, Corpora Sanctorum Martyrum occulta fuere, nam in pedibus Christi cognoscitur fuisse compossita. De modo que los restos fueron hallados hacia la mitad del altar del Cristo, en el sitio en que queda el ángulo de los pies de dicha imagen, hay desaparecida.

Séptimo: En el año 1481, son halladas por indicación del P. Maestro Vega, tal como dice el P. Tomás Silvestre en su manuscrito, año 1585. Las reliquias, fueron trasladadas en procesión al altar mayor y colocadas bajo el sagrario, en la misma arca en la que fueron encontrados, que mostraba un letrero indicador: Estos son los restos de los Santos mártires fray Juan y fray Pedro. Fue entonces cuando se colocaron dos huesos largos, adornados con plata en sus extremos, en un arca, para llevarse a los enfermos.

Octavo. Dado el mal estado de conservación del arca en que fueron hallados, el Barón Gaspar Muñoz hace fabricar un arca nueva en el año 1537, que, sobre dos maderas que la gente llama canetes (canecillos), fue colocada de nuevo en la capilla del Cristo, donde lo indican unos vestigios.

En el año 1616, el padre guardián Vicente Gómez manda fabricar un magnífico sagrario, y en dos cajitas adjuntas a un lado y otro de dicho sagrario, fueron colocadas la reliquias.
El año 1690 el P. Jerónimo Delorte, Lector jubilado, calificador del Santo oficio y guardián del convento.

Noveno. Dos huesos contendidos en una arqueta plateada, eral llevados a los enfermos por religiosos del convento.

Decimo. Los antiguos brazos que contenían reliquias de los santos a ambos lados del altar mayor, han sido renovadas por otros dos en estos días (16 90 y pico).

Undécimo: Certifica haber visto la cruz procesional que contiene restos de los santos, en la que hay signos de antigüedad en partes deterioradas por el tiempo.

Duodécimo. Certifica que el retablo del altar mayor, en dos de cuyas hornacinas aparecían nuestros mártires, alzado por los años de la erección del templo, cierta noche cayá deshecho. En su lugar fue colocado un lienzo en el que figuraban nuestros mártires, ante quienes aparecía arrodillado el obispo Tomás Cortés. Dicho lienzo ocupó ese lugar durante treinta años, hasta la erección de otro.

Décimo tercero. Corrobora que a ambos lados del altar había dos antiguas columnas de madera con signos de deterioro, que mantenían sendas estatuas de nuestros mártires, con un relicario de sus mismas reliquias. No se sabe si datan de 1402, erección de la Iglesia, o de 1481, fecha del hallazgo de las reliquias. Cita a su padre, Bartolomé Zivera.

Décimo cuarto. Corrobora que, deshecho el altar primigenio, en las puertas laterales del nuevo figuraban las dos imágenes de los santos mártires correspondientes a las que había en el anterior.

Décimo quinto. Se confirma lo del arca de cristal que manda labrar el P. Vicente Gómez, en lugar de la que hizo el Barón Muñoz, Señor de Escriche, a donde trasladó las reliquias el obispos D. Jerónimo Zolivera. El arca estaba cubierto con una tela de seda adornada con orlas doradas, con cuatro clavos dorados y sujeto con otros cuatro también dorados.

Dichos clavos de conservan, dos en el Archivo de la ciudad, dos en el archivo de la Catedral, dos en el archivo del obispo, y dos en la casa del magnífico señor Diego Andrés Sánchez de Cutanda y Martín, caballero de la Orden de Santiago y Baile de la comunidad de Teruel.

Décimo sexto. Las imágenes que figuraban sobre las celdas que habían ocupado los mártires, figuraron luego en el presbiterio de la capilla mayor, sobre un enrejado de madera que cerraba el presbiterio, hasta que fueron llevados al lugar donde hoy están.

Décimo séptimo. Asegura haber venerado las imágenes que figuraban en la sacristía. A los pies de san Juan, se leía año, y a los de san Pedro 1526; y en medio de ambas imágenes figuran unas imágenes de Cristo crucificado, con la Virgen María y san Juan junto a la cruz.

Décimo octavo. Asegura que en la primitiva ermita hubo un cuadro de los dos mártires arrodillados ante el apóstol san Bartolomé.

Décimo nono. Apunta que el arca hecha por el ilustre D. Muñoz, señor de Escriche, permanece elevada sobre tierra, en alto, en la capilla de los mártires. Con anterioridad, había sido colocada, también elevada, en la pared del lado del evangelio del altar mayor.

Mientras las sagradas reliquias estuvieron en las arquetas laterales del sagrario en el altar mayor, el tiempo transcurrido lo fue desde 1537 a 1616.

Vigésimo. Describe el cuadro mandado pintar por el obispo D. Tomás Cortés, en que el obispo aparecía con ropas pontificales, arrodillado ante los santos mártires, depuesta la mitra a un lado, y con las manos juntas, en actitud de dar gracias por el favor obtenido de la curación de las heridas del sobrino del Obispo, D. Faustino Cortés. Con motivo de este hecho, en el año 1623, se celebraron grandes fiestas, como consta en el Manual de la ciudad.

Vigésimo primero. En el altar de San Diego hay dos tablas pintadas con las efigies de los dos mártires, una al lado del evangelio y la otra al lado de la epístola, cuyos colores ya muestran signos de deterioro.

Vigésimo segundo. Habla del pozo de los mártires y de la referencia que hace de él Juan Yagüe de Salas en su libro Los Amantes de Teruel, impreso en Valencia, pág. 718, [por el editor Pedro Patricio Mey, año 1616]. Por la fe en sus aguas, se muestran sanos los enfermos.

Vigésimo tercero. Notifica que en el huertecillo interior del claustro hay una capilla a los santos mártires donde figura una tabla con las efigies de los mártires, frecuentemente renovada por causa de las lluvias, y donde se dice misa o se reza simplemente. Se tiene acceso a ella desde la Iglesia, de modo que pueden acceder lo mismo hombres que mujeres.[Por el pórtico al claustro, hoy día “impracticable”].

Veinticuatro. Hay dos imágenes en el altar mayor, colocadas junto a las puertas. En lado del evangelio, en una hornacina, san Juan aparece recibiendo una corona de manos de una ángel que desciende de lo alto; en la hornacina, hay una urna preciosísima para guardar los restos de los mártires. En el lado de la epístola queda la de san Pedro, de semejante factura, en cuya hornacina se guardan los brazos-ostensorio y la cruz procesional, de plata, para ser mientras no se mostradas a la pública veneración en días de solemnidad muy señalada.

Veinticinco. Cita los libros que cuentan el milagro de la langosta, evitadas por intercesión de los santos: Chonica de Marcio, Lisboa, traducida por Diego Navarro e impresa en Alcalá por Juan Gracián en su Historia Ecclesiástica, impresa en Cuenca por Pedro del Valle, año 1586, cap. 27; Chronica General de San Francisco, impresa en Sevilla por Francisco Pérez, año 1598, cap. 61, al final; Flos Sanctorum, de Francisco Ortiz Lucio, impresa en Madrid por Miguel Serrano de Vargas, año 1605, pág. 295, al dorso; Los Amantes de Teruel, de Juan Yagüe de Salas, Valencia, ed. Pedro Patricio Mey, 1616, pág. 716, línea 18. La procesión se renueva anualmente el día 30 de julio. Se llama a sí mismo el autor Ministro de la ciudad [alcalde].

26. Nada.

27. Asegura haber inculcado la devoción a los santos a su hijo sacerdote, doctor Pablo Zivera, protonotario de la Iglesia de San Juan.

28. Sobre la celebración de misas conmemorativas de los dos santos, cita dos libros: el Manual de la ciudad y un libro llamado Cors divina aut Palatium Caeleste del reverendo padre Causino, jesuita, traducido del latín por el doctor Esteban de Aguilar y Zúñiga, Madrid, por José Fernández de Buendía, pág, 6, año 1675, tomo undécimo, de donde deduce que la historia del martirio es conocida en lugares muy remotos.

(Faltan los restantes artículos, desde el 29 al 38).