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San Francisco de Asís no sólo
dio cuerpo a una Orden de Frailes Menores con los compañeros
que se le fueron agregando desde un principio. Desde que Clara de Asís
le propone constituir, con el mismo espíritu de pobreza evangélica,
una Orden paralela de hermanas, funda con ella una Segunda Orden,
la de Damas Pobres, más conocidas con el tiempo por Clarisas,
estableciendo su primer convento en Santa María de los Ángeles,
a los pies de la ciudad de Asís, en lo que entonces eran densos
bosques.
El rigor de la pobreza a que se ajustaban era tal, que no tuvieron muy
fácil conseguir de la autoridad romana la aprobación de
una Regla a que atenerse. A Clara se le informa de la tan esperada aprobación,
ya en el lecho de la muerte. Nadie soñó poder darle mayor
consuelo en tan crucial momento.
Pero
es que también la gente sencilla, admirada de las virtudes que
adornan a religiosos y religiosas que habían crecido entre ellos
en el mismo Asís, no dudan en pedirle a Francisco poder vivir el
evangelio, a nivel familiar, en sus propias casas, a la manera de los
religiosos, para cuyo objeto, funda Francisco la Orden Tercera.
Es fácil que, entonces, comprender que allí donde hay un
convento franciscano, a su sombra viva su espiritualidad evangélica
un conjunto de cristianos que profesan su vocación en la Orden
Tercera.
Hubo momentos históricos, como los siglos XV, XVI, XVII, en los
que la voz popular acuñó el siguiente refrán. O por
fraile o por hermano, todo el mundo es franciscano.
También en Teruel, la Orden Tercera ha seguido un largo camino
que comienza con los primeros religiosos establecidos aquí. Nos
faltan datos fehacientes para documentar su larga historia, pero sabemos
que la costumbre era siempre la misma: fundar la Orden Tercera inmediatamente
después de establecerse los frailes menores en un sitio.
Consta que incluso las familias más nobles de la capital turolense
tuvieron a gala favorecerse de la espiritualidad fraterna de los religiosos.
En el claustro bajo del convento, dispusieron desde antiguo de un salón,
que gozaba de un hermoso artesonado hoy convertido en el principal atractivo
del museo californiano, la Casa del Herrero, desde los días de
la infausta exclaustración.
Los franciscanos, establecido en Teruel desde el siglo XIII, han ido
enriqueciendo su nómina y actividades específicas con el
establecimiento de otras ramas franciscanas. La más antigua y cercana
a nosotros, las hermanas clarisas, con un venerable convento en que se
convierte el antiguo palacio de la reina aragonesa, de antigua raigambre
en la localidad.
Han venido regentando largamente, con gran aprovechamiento, un centro
de recuperación de jóvenes los Hermanos Terciarios
Capuchinos del P. Amigó, o amigonianos, aquí muy
conocidos por nicolaítas, además de ejercer el ministerio
sacerdotal en la localidad y pueblos cercanos. Vienen regentando, asimismo,
un colegio de primera y segunda enseñanza las Hermanas
Terciarias Franciscanas, y atienden un centro de acogida y ejercen
como enfermeras en el Hospital Provincial las Hermanas Terciarias
de la Divina Pastora, con dos casas en la localidad.

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