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La orden franciscana ha recorrido un largo itinerario histórico hasta nuestros días. Tres años después de fundar nuestros santos mártires el convento de Teruel en la ermita de San Bartolomé, Juan Parente es enviado por san Francisco a fundar en Zaragoza y organizar los conventos que se venían fundando pro toda la España cristiana en los comienzos del siglo XIII. El primitivo convento en Zaragoza, donde Juan Parente organiza y funda la Provincia de España, en 1220, y por eso mismo, lugar privilegiado del primer Capítulo en su historia, mantiene con fervor la antigua observancia y el amor a tan preciado y significativo lugar, hasta que, pasados ciento seis años, reinando Jaime II, el Cabildo de la ciudad decide que los religiosos deben cederlo a los padres agustinos, que en 1313 acaban de llegar a Zaragoza para fundar también, por lo que se rogó encarecidamente a nuestros religiosos recogerse en el convento del Coso, más capaz. Hebrera entiende que pertenecientes a aquella ejemplar comunidad primitiva debieron de ser los padres Raimundo, Sancho y Antonio, fundadores de los eremitorios de Chelva -en Valencia- y Manzanera -en Aragón-. Desaparece así para la Orden el convento que fundara Juan Parente, en compañía de los santos mártires de Marruecos, del venerable fray Bernardo Vital, el noveno religioso en entrar en nuestra religión, con los primeros compañeros del santo de Asís y uno de los doce que le acompañan a Roma a pedir la confirmación de la Regla; del venerable fray Nicolás Orbita, a quien vistió el hábito el mismo san Francisco, y donde durante algunos meses moraron Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, asistentes al primer Capitulo provincial. En este convento toma el hábito el beato Agno, obispo que fue de Marruecos, y de él salen además, durante más de un siglo, las primeras leyes, actas y constituciones con que se rige y va tomando cuerpo la Orden franciscana en España. Chelva y Manzanera. Origen de la Custodia observante de AragónChelva. El eremitorio de Chelva, en Valencia, constaba de nueve celdillas muy humildes dedicadas a diversos patronos. El resto de las dependencias de la casa no diferían demasiado de las celdas. Una de ellas tuvo el privilegio de acoger a Juan Lorenzo de Cetina, a punto de partir a tierra de moros en Granada. El convento de Manzanera corre la misma suerte y la fecha de inauguración puede establecer por los años de 1388. En el año 1441, el venerable P. Bernardo Escoriguela, guardián de Chelva, es nombrado primer vicario provincial de la Vicaría observante de la Provincia de Aragón, durante el mandato del ministro general del P. Casalis. En el centenario de su fundación, se reedifica la iglesia. Manzanera. Este convento se erige en el eremitorio de Nuestra Señora del Campo, advocación que cambia en Nuestra Señora de los Ángeles. Su disposición repetía la del convento de Chelva, igualmente estrecho y pobre en todas sus dependencias. Sobre la puerta del convento, en una hornacina, figuraba una imagen muy bien labrada de la Virgen María, que, por cierto, trató en cierta ocasión de llevarse un mendigo, sacrílego intento que hubiera llevado a cabo sin duda, si no lo hubiese impedido por dos veces una rara y repentina crecida de un arroyuelo próximo, que al impedir así su huida, abortó la fechoría del confuso ladronzuelo. Dispuso el eremitorio también de una imagen del rostro de Cristo en un paño, como los de la Verónica, que milagrosamente apareció en el aposento de una devota de este misterio, quien emocionada lo donó al convento. Uno y otro eremitorio son la levadura que hizo crecer la observancia en los reinos de Aragón, Valencia, Cataluña, Mallorca, Navarra, Córcega y Cerdeña. A estas fundaciones se añadirían muy pronto las de otros dos conventos: Santo Espíritu y Segorbe, a expensas, el uno, de los reyes de Aragón, Dª. María y D. Juan II, y el otro, del duque D. Alonso.
Pequeño huerto del convento actual Nacimiento de la Custodia observante de la Virgen de la Vega, 1424Los conventos de Chelva y Manzanera son dos núcleos de auténtica espiritualidad, de donde saldrá la decisión de organizarse en provincia el intento de restituir a su original pureza la observancia de la forma de vida franciscana. Ese sentido restaurador es el que mueve a los religiosos erigir en Custodia el conjunto de sus conventos, bajo el patrocinio de D. Fadrique de Aragón, duque de Luna, heredero de D. Alonso, quien eleva la petición al papa Martino V, de modo que el año 1424, se obtiene la bula para dicha fundación, a condición que el número de conventos se eleve a cinco. La Custodia, la primera que tuvo la observancia en España, adopta el título de Custodia Observante de Nuestra Señora de la Vega. Al año siguiente, el número de conventos se había elevado a ocho. El quinto le cupo el honor al de Santa Catalina de Cariñena, al que hay que unir el de Tarazona, lo que provoca una inmediata unión a la Custodia de otros conventos que desean la misma observancia, como los de Murviedro (Sagunto) y San Cristóbal de Alpartil, para cuya legalización se recurre igualmente al papa Martino V, quien confirma esta unión con la bula In Appostolice Sedis, donde se prescribe además que ordenen su forma de vidas en consonancia con el Decreto del Concilio de Constanza. El Concilio de Constanza, con dicho Decreto, ya había zanjado en Francia las disensiones entre religiosos que proponían un género de vida más bien relajado y otros que aspiraban a mantener la observancia heredada de los primitivos fundadores. En dicho documento se establecen normas que regulan en lo sucesivo el uso normal del hábitos y costumbres sujetas al espíritu de la Regla. El Decreto imponía estas cinco normas:
Con ocho conventos emprende la Custodia de la Provincia de Aragón, desde el año 1425, su nueva andadura a la orden de sus primeros custodios, los religiosos fray Raimundo, fray Antonio y fray Sancho, de quienes es lástima no queden en las historias memoria particularizada de sus andanzas y lugar de enterramiento.
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