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A modo de blog Enero 2010 |
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30 ene 2010.- Frente al silencio final (Al P. José Luis G. Rodrigo) Y de pronto se te muere un amigo. Sí, ya, últimamente estaba muy achacoso y el deterioro silencioso de la enfermedad, soterrada en lo oscuro de su ser, le iba mermando posibilidades de pervivencia. Sucede a menudo que la enfermedad se te aloja tan honda y callada que nada te anuncia la extrema gravedad que te está matando. Y un buen día, ¿bueno de qué?, te escanean la poca vida que te queda con ese pincel escrutador de átomos insensibles y el hallazgo revelador es fatal: te estás muriendo. Uno se entera y no acaba de creérselo del todo, cariacontecido y a oscuras, pasmado: Sabrá mantenerse, un poco al menos todavía, su naturaleza es indómita. Ya lo verás. Ni eso. Uno no se entera de lo que no quiere enterarse. Y haces una pausa en tu memoria y de momento lo echas todo en olvido, que es como barrer y recoger la basura bajo la estera. No es eso. Y a traición, en pleno descuido, de pronto, un aldabonazo te despierta de sopetón: ha muerto.¡Cómo es posible! Ya es tarde para todo. Ya ni puedes decirle unas palabras de despedida y piadoso aliento, ante un difícil trance siempre estremecedor y oscuro. Descubres entonces que incomprensiblemente, atolondrado, no sabes llorar. Y tu tristeza es el epitafio que no sabes ni quieres escribir. Al final, nos libra siempre del marasmo interior - ese pañuelo desmadejado y roto que no enjuga nada-, la esperanza. Ante la verdad misteriosa de la muerte, la verdad misteriosa de la esperanza, el valladar de la esperanza. El último asidero que te devuelve a la sensatez y la tranquilidad, es saber que ahora tu amigo habla con Aquel a quien siempre amó y por quien lo ha dado todo hasta derramar su vida en tierra como un puñado de agua. El amigo común que aún nos une. El silencio de Dios y el silencio del hombre pueden dialogar ya eternamente, fundidas en una sola sus dos manos.
29 ene 2010.- Nidos invernales Los árboles que acompañan al río aguas abajo, despojados de su fronda, dejan ver ahora el confuso entramado de su ramaje confuso y desnudo en toda su austeridad. Nunca como ahora pueden incluso contarse sus nidos vacíos encaramados en lo alto. Son grandes nidos donde esconden su desvalida prole las picarazas de larga cola. Un nido es término sinónimo de calor, de vida reciente y escondida, de acogida maternal. Por eso llama tanto la atención su desvalida soledad. Y uno no puede menos de reparar en esos edificios inconclusos, insostenibles, de pluma inmóvil y amontonados materiales de construcción arrumbados en su entorno, sin una mano obrera que les dé fin, porque la impide la inclemencia innumerable del paro. Son nidos a medias, vacíos, como si alguien los hubiera roto, a la par de tantas vidas sin amparo. Si no hay nidos, no habrá pájaros que puebles los aires y les conforme. Un pueblo sin renovados nidos que habitar, es un pueblo con el porvenir desamueblado que no va, que no anda, como esos vagones viejos, aparcados en vía muerta a punto de desguace, como esos antiguos túneles de vías férreas en desuso que no ven la luz al final de sí mismos. 27 ene 2010.- El libro electrónico No he tenido todavía un libro electrónico en las manos y no sé si se lee en ellos bien o mal. Están ya asomándose a nuestra vida. Los he visto anunciados en revistas, como uno de los logros de la técnica moderna al servicio del hombre, y aunque llegan en tiempo de famélicas vacas, creo no equivocarme si digo que serán pronto pábulo de gente joven. ¿Pero y quienes frisamos ya edades liminares? El hombre que cuenta sus años por manojos, no siempre de ardientes y escandalosas amapolas, sino de agostadas y humildes malvarrosas, el hombre de avanzada edad, no es receptivo. Se aferra a lo que le queda y le es habitual; le basta y sobra lo que tiene, y se resiste a cambiar. ¿Libro electrónico? El de papel es más barato y su contenido el mismo. No están los tiempos como para acumular gastos, que no es precisamente atesorar perlas finas, por más que es mundo es amplio. Siempre estarán los que gozan teniendo y los que disfrutan sabiendo no tener, feliz gimnasia que sabe a liberación. Aligerado de naderías y trivialidades tan onerosas y difíciles de sostener, el hombre gana en agilidad, espacio y sostenibilidad, hoy que al parecer, todo se vuelve sostenible, menos Haití. ¡Pobre Haití, tan pobre siempre, tan lejos de todo, y ahora tan desolada, como si la naturaleza misma, inclemente, quisiera abolir la extrema pobreza de quien nunca tuvo y ahora además pierde a los suyos, cuando no a uno mismo! 25 ene 2010.- Un perro abandonado Es raro el día que, bajando esa zeta rampante que es el repecho arbolado de la Andaquilla, me encuentre con un perro flaco de un blanco sucio que alguien sin entrañas ha debido de haber abandonado y que vive huidizo y temeroso su hosca soledad, al margen de todo. En los más de los casos, la soledad es dura y fría como una piedra. La soledad la mal viven unos y otros de muy diversa manera. Existe el hombre arisco que rumia su soledad desde su altiva incomunicación. Y el que la llora sin remedio, porque no tiene a nadie. Los hay cabizbajos y resignados y los indecisos que no saben el modo de vivirla. La solución es hallar una amable compañía para todo. Yo entiende que no hay soledad donde está Dios. Amable soledad la de ese bosque silencioso, a la orilla de cuyo río Dios pasea todas las tardes, porque Dios lo habita. Gracias a Dios, yo no estoy solo. Angel 30 ene 2010.- La memoria prehistórica Dando de lado con todo el desdén del mundo a las impertinencias de otras denominaciones que pretenden justificarse agazapándose en politizar esa honrosa facultad de llamamos memoria, a Teruel lo que le va que ni pintiparada es la memoria prehistórica. Del mundo muerto y enterrado de aquella alejadísima época desmedida de vida agigantada, depredadora y feroz del Tiranusaurus Rex y otros congéneres suyos no memos desmesurados, no quedan más que hondas cenizas entre las que, de vez en cuando, afloran los huesos gigantescos de un animal prehistórico, como nuestro ya familiar antepasado Turiosaurus. Uno se pregunta extrañado cómo un ser tan descomunal pudo tener cabida en la historia. Es el lado inaudito de nuestra milenaria memoria prehistórica. Teruel les dedica a aquellos seres imposibles tiempo y admiración, concienzuda investigación desveladora de enterrados misterios y un museo un tanto teatralizado que suscita estupefacción y asombro en los ojos espantados de los niños. A los adultos les mueve más la extrañada curiosidad de comprobar que lo insólito es un raro aditivo de la verdad. Imaginar vivo a un coloso inabarcable obliga a pensar en proporción un paisaje ubérrimo, pegajosamente húmedo y verde, capaz de erigirse en despensa interminable de aquellas horribles especies, que sólo el hacha indignada de iras meteóricas pudo derribar de tan determinante manera. ¿No resultará, al fin, estrecho y acuartelado este mundo nuestro a aquella pléyade inmensa de ferocidad organizada y violenta? Y uno acaba por agradecer a Dios la pequeñez humana y los sentimientos educativos y edulcorantes del cariño que nos acuna y a las veces no mata. Esta noche ha llovido, y me ha producido no sé qué rara y triste impresión ver en el suelo, al pasar ante la iglesia, una esquela rota y manchada de barro por las pisadas desconsideradas de la gente. Era el estertor de una esquela muerta. Una esquela es una noticia seriamente cuadrada, donde las gravedad de lo negro queda intensamente realzada por la nitidez impoluta de lo blanco. Los medios de comunicación les dedican una parte destacada de sus contenidos ordinarios. En la esquela confluyen el llanto cortés de quienes informan que alguien, un ser querido, ha muerto, y la curiosidad de la gente adulta por saber quién. La gente joven no lee una esquela. La muerte no interesa a los jóvenes, que son todo horizonte, como un reventón de vida. Y es que es triste que alguien, un día, quede reducido a las cenizas de una esquela negra y blanca, oscilante como una duda.. Nada tan cerca de la muerte como una esquela, vecina del ataúd. Es explicable entonces que cuando un bebé rebozado de tierra comparece de pronto vivo entre los escombros de Haití, el júbilo por dar de bruces con una vida inesperada, se vuelva desbordante en el rostro emocionado de un bombero. Y es consoladora, por eso también, la esperanza cristiana de saber que la bondad de Dios acaba siempre, al final, por dar un salvaconducto de vida eterna a los muertos, en ese reverso de toda esquela que es el gozoso encuentro con él.
¿Hay algo más feo e hiriente a los ojos que una pantalla acústica? Esto de las pantallas acústicas tiene su lado ingrato, incluso hostil. Resguardan del fragor del ruido, de acuerdo, que es como decir que tienen un fin protector, pero no es absolutamente cierto. La que yo veo que están tendiendo ante mi ventana, te limita la visión y disfrute del paisaje, al menos estos paneles de metal corrugado, de color verde, que parecen que estén encauzando por dónde ha de discurrir la vía del tren. Es algo así como el IVA que hay que cotizar por el favor de evitar otras molestias. La cuestión ahora es dilucidar si el IVA sube la cuenta más allá del bien que pretenden proporcionarte con este seto descomunal. De hecho, una línea férrea es ya una limitación territorial, un corte fronterizo que interrumpe antiguas sendas e impide el paso. Coartadas de nuestra libertad, al fin. Ahora resulta que con estas cortapisas, también el tren sufre empalizadas y estrecheces impunes. Lo dicho; ya no nos despertará el temblor ruidoso del tren madrugador de todas las mañanas, que además nos decía la hora exacta, pero es que cuando uno se asoma a la ventana, un tapial de metal verdinoso como la piel de un sapo, te interpone una persiana insolente ante el paisaje, tachándote, es un decir, los álamos machadianos que bordean el río y la abrupta pinada que trepa por las colinas del fondo. Claro que siempre cabe desahogarse con cabreadas divagaciones que no llegan a ninguna parte y desaguar así el malestar de saber que este cercado con sabor a redil y paridera es una imposición más de las que, para nuestra mayor calidad de vida, te inventa el progreso, pero, vamos, no tiene ni pizca de gracia. No tiene ninguna gracia. 10 ene 2010.- Nieve y más nieve en Teruel, como en los viejos tiempos Nieva sobre nevado. Nieva con parsimonia y en silencio, porque la nieve tiene algo de coda misteriosa. Y vuelve a nevar. Nieva en toda España, pero como todo el mundo sabe, nieva sobre todo en Teruel. Viernes y sábado ha estado en vano el que esto escribe tratando de salir de Valencia hacia estas tierras ásperas. Todo inútil. La nieve tiene sus exigencias. La mañana del domingo, por fin, los trenes han emprendido la gesta de desafiar las inclemencias del tiempo para acceder a Teruel, bien que muy paso a paso, como quien tantea antes el terreno dónde poner el dudoso pie para no esbarizarse. Ángel Puede ver fotos de Teruel nevado Dic 09.- El convento de Teruel en los medios de comunicación. Últimamente, los medios de comunicación vienen ocupándose de la labor que vienen realizando los franciscanos de Teruel. En octubre, fray Alfredo Colás expuso una colección de pinturas sobre San Francisco que tuvo amplia aceptación por parte de la gente. La prensa local titulaba la exposición Una vida de Santo. Y explicaba que “La muestra ha sido elaborada por Colás este año con motivo del 800 aniversario de la fundación de la Orden franciscana”.
Con motivo de la Navidad, la fraternidad ha vuelto a exponer un conjunto muy variado de belenes y uno de ellos monumental, que ha merecido la visita de la TV de Aragón, lo que ha redundado en una mayor afluencia de gente que goza visitando el claustro inferior, y el antigu0o refectorio de los frailes, donde el belén principal se ilumina de manera progresiva, al compas de las supuestas horas del día. El artífice de esta otra exposición ha sido igualmente Alfredo Colás.
El Hno Alfredo Colás ante el belén
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