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Felix Brun Gabarda ha dado a conocer, en un libro reciente, Artesonados Mudéjares de Teruel en el Extranjero, Teruel, 2003, cómo la ciudad ha visto empobrecer su patrimonio, con la pérdida de3 sus ricos artesonados de época medieval, al punto que queda sólo el magnífico que cubre la nave central de la Catedral.

El patrimonio artístico de Teruel llegó a poseer un número importante de tales artesonados de incalculable valor artístico, que la incuria, la indiferencia o la necesidad económica en momentos extremos dispersó por otros países, a cargo de la prosperidad de familias desahogadas y mediadores sin escrúpulos, que los sacaron del país contra toda norma, con el consejo y la ayuda, a veces, de sedicientes amigos de nuestra cultura.

También en nuestro convento de San Francisco hubo una techumbre, cuyas dimensiones hacen pensar en el amplio convento construido por el arzobispo D. García Fernández Heredia, terminado en los primeros años del siglo XV.

Adquiere para sí dicho artesonado George Steedman, un rico industrial californiano, para su finca de Montecillo, en Santa Bárbara, que dio en llamar la “Casa del Herrero”, aludiendo a su industria de fundición.

Documento en el que consta que estas tablas, con marco dorado "proceden del Convento de San Francisco, de cerca de la ciudad de Daroca en la provincia de Teruel..." Puede pulsar el fragmento del documento para verlo entero.

El artesonado tiene una estructura muy simple, de paneles encuadrados entre vigas longitudinales. Cada panel mide 30,05 por 76 centímetros. Entre uno y otro panel, con carácter divisorio, un par de listones enmarcan un dibujo muy simple de tipo floral.

El número de casetones asciende a 48, divididos en 3 filas de 16 cada una, y mide 3 metros de ancho por 6 de largo, más tres artesones más de forma cuadrangular de 30,3 centímetros por 50, situados en, los extremos de la pieza, donde se muestran estrellas mudéjares, tan representativas de Teruel.

El artesonado lo adquiere Arthur Byne, hombre culto experto en bienes artísticos, ignoramos a qué precio, en todo caso inferior al que se lo vende a George Steedman, 5.500 pesetas.

Dado el sentido estricto de la pobreza de los religiosos, todo hace pensar que el artesonado no parece que pudiera pertenecer a salas ordinarias donde transcurría la vida de los frailes, como la sala capitular, sino que pudo, más bien, constituir la techumbre de la sala de reuniones de los hermanos terciarios, a los que pertenecía lo más granado de la nobleza local, o bien de la biblioteca.

En todo caso, existe el proyecto de reproducirlo con la mayor fidelidad posible, para admirar su belleza. Todo se verá.