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Martín Gracés de Marcilla se cruza en Italia con el grupo de franciscanos, que, concluido el Concilio de Letrán en que el Pontífice le aprueba a Francisco de Asís la forma de vida de los hermanos menores, vienen a España a predicar el evangelio a la gente. Ya venían haciéndolo durante el camino por plazas e iglesias, vestidos y viviendo estrechamente de la caridad pública, proyectaban fundar conventos, de dos en dos, en ermitas o casas abandonadas.

Al capitán de Teruel le llama la atención el talante alegre de gente tan desarrapada, que predicaban y amaban a Cristo a pecho descubierto, y se interesa por saber quiénes son y cuál es su destino.

San Francisco y Santo Domingo. Oleo atribuido a Vicente Guillo, de Vinaroz, que se expone en el claustro bajo del convento.

Edificado por el ideal de vida evangélica que dicen profesar, no duda en les inducirles a que funden un convento en su ciudad natal, Teruel, para lo que les indica el camino que han de llevar, recomendándoles que se presenten a su familia y autoridades, para lo que le da cartas de favor, a la espera de que hallen lugar idóneo en la vega del río que bordea la villa.

¿Pero quién es Martín Garcés de Marcilla, nombre que usan por igual sucesivos miembros de su familia, para confusión de historiadores?

Unos años antes a ese fecha de 1217 o 1219, un tal Martín Garcés de Marcilla había casado con Irene Fernández de Heredia, en 1212. Por la proximidad entre las fechas, bien pudiera ser el mismo D. Martín que ampara a nuestros santos y los encamina a nuestra ciudad. En ese caso, es comprensible el entendimiento entre la familia de los Garcés de Marcilla y la de los Fernández de Heredia, uno de cuyos miembros, el arzobispo de Zaragoza D. García, erige nuestra iglesia en 1292, y cede una de sus capillas a los Marcilla, de modo que es el único escudo que campea en la iglesia, junto al omnípresente del arzobispo. Por otra parte, el trato incluso entre ambos debió de ser muy factible. Se sabe además que D. García poseía casas en Teruel, algunas de las cuales cedió a los frailes para que contaran con una huerta con que atender a sus necesidades.

Con mismo nombre, ejerce como juez de Teruel un distinguido descendiente suyo, que en 1323 arma las tropas del concejo y las envía a la toma del castillo de Valacloche.

No es el único.