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Fueron diez las capillas laterales que flanqueaban la nave central de la Iglesia actual de San Francisco, ocupando para ello los tramos que resultaban de los contrafuertes sustitutivos de las naves laterales de la iglesia.

La única nave unitaria que caracteriza su estilo, es el resultado de un nuevo concepto de iglesia para predicar, que instituyen franciscanos y dominicos, lo que obliga a eliminar las dos naves laterales, cuya función, meramente funcional, consistía en apoyar la nave central, a fin de evitar que se abriera, dado que las líneas de descarga bajan lateralmente por los nervios de las bóvedas a las columnas. El resultado es una iglesia más amplia, en la que la gente queda más cerca del predicador.

El problema que esto plateaba se resolvió añadiendo a las columnas fuertes contrafuertes, en sustitución de ambas naves, que en nuestra Iglesia alcanzan casi un metro de grosor, de lo que resultan numerosos tramos entre dicho estribos.

Capilla de los Santos Mártires
Capilla de San Pascual Bailón
Capilla de la Virgen del Pilar, anteriormente de San Luis
Capilla de San Luis, en la actualidad de la Virgen del Pilar

Estos estribos resultantes invita de inmediato a instalar en ellos sendos altares, que ofrecían así la oportunidad celebrar misa a un mismo tiempo a los sacerdotes de la numerosa comunidad.

La primera vez que los arquitectos han de enfrentarse a este nuevo planteamiento, ocurre en la catedral de Gerona, que fue concebida al modo clásico, con tres naves, pero, concluido ya el presbiterio, se suspenden la obras para cambiar de proyecto por una iglesia de nave unitaria, no sin antes resolver los nuevos problemas arquitectónicos que planteaba la nueva concepción de la iglesia, reuniendo a este fin a un determinado número de arquitectos convocados a consulta.

Las capillas de nuestra Iglesia no siempre tuvieron la misma advocación ni patronazgos, como ya estudió el P. Benjamín Agulló, ofm (1). En siglos anteriores al nuestro, cambiaron a veces de propietario e igualmente de advocación. Así la de San Luis y la de Santa Catalina, fueron titulares que ya existían en la iglesia anterior de 1249, de modo que se conservaron su localización correspondiente en la actual, la primera dedicada hoy a la Virgen del Pilar y la segunda en el lado de la epístola, respectivamente.Consta que desde 1583,

Al lado del evangelio

  • la 1ª quedaba dedicada a Santa Lucía, propiedad que fue sucesivamente de Dionisio Gamir, del canónigo Barbegal, del comendador Liceche, y luego con la de San Antonio, de Baltasar y herederos;
  • la 2ª a Cristo en la Cruz y luego a Nuestro Padre San Francisco, que pertenecieron respectivamente a los mancebos y a la familia Dolz;
  • la 3ª a la Madre de Dios de los ángeles, perteneciente a Miguel Trullós y Catalina Miedes;
  • la 4ª dedicada a la Piedad, luego al Descendimiento de la Cruz, y después de los Santos Mártires, y que fue perteneciendo a los Fortunes, y a José Roca y los Morata;
  • la 5ª a la Resurrección, luego de Santa Rosa de Viterbo, cuyos dueños, los Sadornil, marcharon a América.

Al lado de la epístola,

  • la 1º se correspondía con la de San Luis, fue propiedad de la familia Marcilla hasta que pasó a los Antillones;
  • la 2ª estuvo dedicada a Santa Catalina y luego a San Diego, propiedad pretendida por Jerónima Testador y por Juan Pérez de Arnal, que consta pasa a ser, finalmente, de la familia Marcilla; sin embargo, en el momento de su edificación, se le asignó a esta familia, como lo muestran los escudos de la casa en la pared de pondo y la clave de la bóveda;
  • la 3ª estuvo dedicada a San Francisco, luego a Santa Catalina, que poseyeron los Matas y los Arnales, para pasar a propiedad de los reyes y finalmente los Dolz;
  • la 4ª estuvo dedicada a Nuestra Señora de las Nieves y luego a Nuestro Padre San Francisco, y la poseyeron respectivamente Francisca Narváez y los Pueyos;
  • la 5ª con la de Santa Ana,
  • y la 6ª, que se corresponde con la de Nuestra Señora de las Nieves, y tiempo después con la advocación del Santísimo Cristo, propiedad de la Tercera Orden.

La de San Luis, es denominación que procede de la determinación del rey D. Jaime I de conmemorar el milagro que dicho santo obra en favor suyo, con motivo de la grave herida contraída en lucha con los moros en Murcia. El rey llega a Teruel y se encomienda al cuidado de los religiosos de este convento de San Francisco. Una noche se le aparece en sueños el santo y le toca la herida. A la mañana siguiente, al despertar el monarca y sentirse curado, lo manifiesta gozoso y hace ver a todos, y manda que en esa capilla elegida por él se digan misas todos los días del año, costumbre que mantienen luego los reyes de Aragón, hasta su unión con Castilla, en el siglo XV.

Hubo siempre la memoria de este hecho, fijado con pinturas medievales en las paredes de la sala que el rey habitó durante su enfermedad. Destruida al erigir nueva iglesia y convento más grande el arzobispo de Zaragoza, D. García, se vuelve a pintar de similar manera la habitación correspondiente a la primera. Hoy, hasta se ha perdio la memoria de cuál pudo ser aquella habitación real.

Nota (1) Crónica de las celebraciones del 750 Aniversario del glorioso martirio de San Juan de Perusa y san Pedro de Saxoferrato, Teruel, 1978, pags. 97 ss.

Distribución actual de las capillas laterales.
Pulse sobre la imagen y podrá ver unas notas sobre cada capilla